26.4.04

Los riesgos del discurso único

La prensa de hoy incluye dos artículos de dos personas que tienen una amplia experiencia en la lucha contra el terrorismo. Es muy revelador ver cómo llegan a conclusiones completamente opuestas.

En ABC, José María Aznar carga contra la retirada de Irak de las tropas españolas por considerarla una victoria del terrorismo. El ex presidente del Gobierno se mantiene fiel a su teoría de que todos los terroristas son iguales. No importa contra quién luchen, ni dónde, ni por qué, ni con qué métodos, ni con qué grado, o falta de él, de apoyo popular. Todos son iguales y el campo de batalla contra ellos está ahora mismo en Irak:

“La retirada de nuestras tropas es lo que deseaban los terroristas. Los que atentan en Iraq contra los iraquíes, y los que atentan en España contra los españoles. Son los mismos. Quieren lo mismo. Tienen los mismos objetivos. Uno de ellos era sin duda nuestra retirada y ya la tienen. No es el mejor paso que se puede dar tras un ataque como el que sufrió España el 11 de marzo. El mensaje que se lanza al mundo es el del desistimiento, pero es también el del valor del asesinato como herramienta para conseguir objetivos políticos. Si España es más débil por nuestra retirada, los terroristas por el contrario son más fuertes”.

En El Mundo, el ex jefe del departamento antiterrorista del Consejo de Seguridad Nacional de EEUU, Richard Clarke, explica que la guerra contra el terrorismo es también una guerra de ideas que está teniendo lugar en los países islámicos:

“Es una guerra civil en la cual una facción islámica radical está atacando a Occidente y a los musulmanes moderados. Una vez que reconozcamos que el fenómeno con el que tenemos que enfrentarnos es la lucha dentro del islam –y no con un “choque de civilizaciones” entre Oriente y Occidente-, podremos empezar a elaborar una estrategia y una táctica para hacerlo. Es una batalla no sólo de bombas y de balas, sino también, y principalmente, de ideas. Es una guerra que estamos perdiendo, conforme una parte cada vez mayor del mundo islámico desarrolla una antipatía hacia EEUU, y algunas, incluso, un respeto hacia el movimiento yihadista”.

Clarke sostiene, al igual que en su libro “Against All Enemies”, que la invasión de Irak ha sido contraproducente, porque ha distraído recursos militares y de espionaje que deberían estar empleándose en la lucha contra Al Qaeda, y porque hace más difícil que Occidente reciba el apoyo de los musulmanes moderados en esa guerra contra una visión teocrática y violenta del islam.

Aznar ha llegado a la conclusión de que EEUU es el mayor baluarte de la guerra contra el terrorismo. Por tanto, hay que estar con los norteamericanos en cualquiera de los conflictos que elijan. Supongo que ésa es la razón por la que no se digna a mencionar en su artículo el conflicto entre israelíes y palestinos. Para él, es irrelevante, mientras que Clarke lo considera uno de los factores que restan credibilidad a la Casa Blanca en su empeño por llevar la democracia a Oriente Medio.

No es extraño que los políticos se sientan liberados de la funesta manía de pensar. Afirmar de forma tajante que todos los terrorismos son iguales libera al declarante de tener que decidir entre distintas formas de luchar contra ellos. Les basta con soltar a sus policías y militares para que se apliquen en un recuento de bajas que se supone que terminará con la victoria del que cuente con mejor arsenal. Pero de vez en cuando aparecen expertos como Clarke, de los que han dedicado la mayor parte de su vida profesional a luchar contra el terrorismo, que les sacan los colores. Saben cuáles son las tácticas que han funcionado y las que han fracasado. Y saben que ninguna estrategia basada únicamente en la fuerza militar tendrá éxito en esta singular guerra en la que los conceptos de vanguardia y retaguardia han perdido su sentido y en la que el Ejército enemigo ya no se encuentra atrincherado al otro lado del campo de batalla.

“Desistimiento irresponsable” Artículo de José María Aznar en ABC
“The Wrong Debate on Terrorism” Artículo de Richard Clarke en The New York Times.