23.4.04

Los ataúdes secretos



A veces, lo que cuenta es el ingenio o la dedicación de una sola persona. Durante meses, los medios de comunicación norteamericanos se han quejado, con la boca pequeña, por la política del Pentágono de prohibir tomar imágenes de la llegada a EEUU de los ataúdes con los soldados muertos en Irak. Durante todo ese tiempo fotógrafos militares estaban haciendo precisamente eso, supuestamente para que quedara constancia histórica del momento. Al final, un activista de la transparencia consiguió, aunque fuera durante unas horas, que esa prohibición quedara sin efecto.

Rush Kick, autor de The Memory Hole, echó mano de la Freedom of Information Act, la ley que permite pedir que se difundan documentos oficiales, a menos que haya razones de seguridad que lo impidan. Se basa en el principio, absolutamente desconocido en España, de que la difusión de documentos debe ser la norma del comportamiento de la Administración, y no la excepción.

Kick no estaba pidiendo que le dejaran fotografiar los ataúdes, sino tener acceso a las fotos que ya estaban en manos de los militares. Los abogados de la Fuerza Aérea le concedieron ese derecho y pusieron en sus manos 361 fotos que colocó en su web. (Era la Fuerza Aérea la que podía tomar la decisión, ya que las fotos están tomadas en la base aérea de Dover, donde se reciben los ataúdes que llegan del extranjero).

Anoche, el Pentágono anuló la orden y dispuso que no se facilitaran más imágenes. Pero los medios de comunicación ya estaban en condiciones de utilizar las fotos y la mayoría de los mejores periódicos las han colocado en sus primeras páginas de hoy.

Una encuesta publicada en The New York Times en diciembre reveló que el 62% de los norteamericanos está a favor de que se permita ver imágenes de las ceremonias en las que los soldados caídos en la guerra son recibidos por una guardia de honor. Un 27% está en contra.

Con su web (con la que es difícil conectar en la tarde del viernes por la expectación creada) y varios libros publicados, Rush Kick se dedica a sacar a la luz toda clase de documentos oficiales que la Administración intenta mantener ocultos. A veces, también difunde informaciones que están al alcance de los medios de comunicación, pero que no son conocidas por la opinión pública. Comenzó a hacerse famoso cuando puso a disposición de todo el mundo las transcripciones de las conversaciones por la policía y los servicios de emergencia con personas atrapadas en el World Trade Center en la mañana del 11 de septiembre. Sus libros, como “50 Things You’re Not Supposed to Know”, son un alegato contra el secretismo oficial.

Desde anoche, la difusión de las fotos y el despido de la trabajadora que sacó la primera foto conocida y publicada por The Seattle Times se han convertido en uno de los temas más comentados en los medios de comunicación. El Pentágono insiste en que estas imágenes vulneran el derecho a la intimidad de los familiares de los soldados muertos. Pero a nadie le escapa el impacto emotivo que tienen estas imágenes, sobre todo si aparecen publicados a lo largo de amplios periodos de tiempo, como comentó ayer el congresista demócrata Jim McDermott, que sirvió en la Armada durante la guerra de Vietnam y que recuerda el efecto que tenían entonces:

“Cuando la gente comenzó a ver la realidad (de la guerra) y a ver cómo 55.000 personas muertas volvían dentro de una bolsa, se fueron mostrando cada vez más molestas con la guerra. Esto no tiene nada que ver con la intimidad, sino con intentar alejar al país de la realidad de la guerra”.