1.4.04

La pierna que sobraba

Juan Varela pone en el contexto adecuado en Periodistas 21 el debate en la prensa internacional sobre la tan extraordinaria como terrible foto de Pablo Torres. Apareció en la primera página de El País y Reuters la distribuyó por todo el mundo. Vemos a varios heridos atendidos junto al tren pocos minutos después del atentado. No aparece ningún cadáver reconocible, pero sí el trozo de una pierna en la parte inferior izquierda. Varios periódicos británicos eliminaron digitalmente la pierna. No tuvieron valor para incluirla y tampoco tuvieron valor para rechazar la que creían que era la imagen que mejor representaba la tragedia de los atentados.

(En el foro de Visual Editor, se puede ver la foto en la primera página de El País y cómo The Times y The Daily Telegraph borraron la pierna, y cómo The Guardian ¡la pintó de gris! para que pasara desapercibida entre las piedras).

Siempre implacable con los manipuladores, Juan Varela deja claro que el buen gusto nunca debe servir como excusa para ofrecer una mentira:

“El propósito del periodismo no debe ser evitar el dolor. Cuando se hace todo parece telerrealidad. Los ciudadanos tienen derecho a conocer la dimensión de la tragedia. Tienen derecho a sentir el miedo y el asco.
Cuando el estómago se revuelve y asoma una lágrima ante la vista de lo real, el periodismo triunfa y nos ayuda a ser un poco más humanos.
Vivimos en una época obsesionada por evitar el dolor. Desde la psicología a la ciencia, la humanidad es capaz de limitar física y psíquicamente esa sensación tan profundamente humana.


¿Es lícito para el periodismo?
En esta sociedad adulterada y light en la que vivimos los remilgos surgen airados cuando la verdad es terrible. Crecen menos ante los abusos del poder, la invasión de la intimidad por el espectáculo o la imposición del poder arbitrario: político, social, mediático, etc.
Un medio tiene derecho a no ofrecer a sus lectores una imagen o un detalle prescindibles en la información si considera que pueden ser ofensivos para su público. No tiene derecho a deformar la información”.


La alternativa más sencilla en estos casos es editar la foto, es decir, dar sólo una parte de ella. Se trata de una decisión periodística perfectamente legítima, discutible, pero legítima. Lo que no se puede permitir es manipular la imagen con ese artefacto tan práctico como peligroso que es el photoshop. Aquellos que piensen que los periódicos británicos hicieron lo correcto para ahorrar a sus lectores un detalle desagradable que sepan que si un fotógrafo de esos diarios hubiera hecho lo mismo por su cuenta, habría sido probablemente despedido.

NOTA POSTERIOR:
Las televisiones norteamericanas, así como periódicos y webs, se han visto ante un dilema similar a cuenta de las imágenes de los cadáveres de cuatro personas asesinadas en Faluya, Irak. No sólo murieron en una emboscada, sino que sus cuerpos calcinados fueron arrastrados por la multitud y colgados de un puente. El debate en las redacciones y las decisiones posteriores pueden encontrarse en estos dos artículos:
When News is Gruesome, What's Too Graphic? The Wall Street Journal.
Media Are Torn Over the Images. Los Angeles Times

En este artículo, un productor de ABC News explica el argumento en favor de utilizar imágenes terribles cuando se trata de informar acerca de guerras y, sobre todo, de sus terribles consecuencias:

"War is a horrible thing. It is about killing," ABC News "Nightline" Executive Producer Leroy Sievers said in an unusual message to the program's e-mail subscribers discussing the issues posed by Wednesday's killings. "If we try to avoid showing pictures of bodies, if we make it too clean, then maybe we make it too easy to go to war again."

Dar imágenes "limpias" (sin cadáveres) de las guerras hace que los votantes tengan menos escrúpulos para aprobar la decisión de su Gobierno de participar en una guerra. La foto de la niña vietnamita desnuda corriendo por la carretera, después de que el napalm quemara su ropa, era desagradable y terrible, pero no publicarla era esconder (censurar) la realidad de lo que estaba ocurriendo en esa guerra.

Sin embargo, esto no debe entenderse como una carta blanca para que los periodistas de TV incluyan cualquier imagen, por desagradable que sea, en sus informaciones. Aquellos que hayan visto la foto de la primera página de El Mundo de hoy y la hayan comparado con la foto publicada por el resto de los diarios (la que se puede ver debajo) habrán apreciado la diferencia. Algunos no buscan dar la mejor información posible, sino sencillamente vender más periódicos.


Vietnam, 1972. Foto: Nick Ut. AP.


Saigón, Vietnam, 1968. Foto: Eddie Adams, AP.


Faluya, Irak, 2004. Foto: AP.