23.3.04

Una entrevista sin respuestas

5.719.000 personas vieron anoche la entrevista a Aznar en Telecinco. No recuerdo una cifra mayor en una entrevista a un presidente del Gobierno o un líder de la oposición (reconozcámoslo, un genero televisivo que no es especialmente atractivo). Quizá la supere la entrevista de Iñaki Gabilondo a Felipe González, aquella de ¿Dirigió u organizó los GAL?, pero no hay precedentes en los últimos diez años.

Como he escrito otras veces, la gente tiene derecho a saber y los medios de comunicación suelen tener grandes audiencias cuando intentan satisfacer esa necesidad. Es cierto que hay medios, como la SER y la COPE, que sólo predican para los convencidos, pero ésa no es la forma más inteligente de periodismo.

Aznar se fue de Telecinco sin responder a la pregunta que se hacen los españoles, incluidos muchos votantes del PP: ¿por qué el Gobierno continuó insistiendo en que ETA era la principal vía de investigación sobre el atentado de Madrid cuando las primeras pruebas apuntaban al terrorismo integrista de Al Qaeda y sus grupos satélites?

El presidente en funciones no se apartó del guión que marcó Acebes desde el mismo jueves en la conferencia de prensa de las 13.30: había sido ETA por sus antecedentes, por los últimos atentados frustrados por la Policía en los que ETA pretendía utilizar una gran cantidad de explosivos. En cualquier investigación policial, los indicios previos a los hechos pueden ser valiosos, pero nunca lo son tanto cuando comienzan a aparecer las primeras pruebas.

Y las pruebas fueron apareciendo ante la mirada perpleja del ministro de Interior, que se limitaba a decir que había ordenado abrir una nueva línea de investigación. Sólo faltaba. Estas son algunas de las pruebas o indicios presentes en la furgoneta aparcada frente a la estación de Alcalá de Henares:

-No tenía ninguna trampa explosiva para matar a policías o para que se prendiera fuego y borrara las huellas, como suele hacer ETA.
-Había sido robada diez días antes en Madrid y no le habían cambiado la matrícula, como suele hacer ETA.
-Los detonadores encontrados en su interior no eran los habituales en ETA.
-Se encontró un pequeño trozo de explosivo en su interior, y no era titadine.

Y a pesar de todo esto, Acebes insistió a las ocho y veinte que la principal sospechosa era ETA y Aznar volvió a llamar a los directores de los periódicos para decirles que había sido ETA. A eso hay que añadir dos hechos que fuentes policiales han contado a periodistas de Informativos Telecinco (y que no son policias de a pie precisamente). Primero, en la mañana del jueves, las llamadas hechas en los teléfonos de etarras o gente cercana a ETA en el sur de Francia revelaban que los dirigentes de ETA estaban diciendo a su gente que no se pusieran nerviosos, que ellos no habían sido. Segundo, a las 19.00 del jueves, policías expertos en ETA de la Brigada de Información recibieron la orden de ayudar a los policías expertos en terrorismo integrista en sus investigaciones. En ese momento, para la Policía las prioridades ya estaban claras.

Esa misma noche, los tedax consiguen desactivar el explosivo de la mochila que no estalló. Y descubren:

-El detonador es idéntico a los encontrados en la furgoneta.
-Se confirma que el explosivo no es titadine, sino un tipo de goma 2 que ETA no emplea desde hace quince años.
-El dispositivo para hacer estallar la bomba (la alarma del reloj del móvil) no es el utilizado habitualmente por ETA.
-El teléfono móvil y la tarjeta prepago son pistas excelentes que se pueden rastrear y que podrían servir para hacer las primeras detenciones.

A pesar de estas pruebas, el viernes Acebes insiste en que la pista fundamental es ETA. Y Aznar, en su última conferencia de prensa a las 13.00, se niega a aceptar que las pruebas encontradas hacen sospechar de la autoría de un grupo integrista extranjero.

Y todavía se extrañan de que hubiera gente que pensara que el Gobierno no estaba diciendo toda la verdad.

Confiaba en que el reportaje de cinco páginas que El Mundo publicó este domingo nos iba a revelar algunos datos desconocidos. De hecho, está claro que sus autores tuvieron la oportunidad que no han tenido otros periodistas: la de hablar directamente con Acebes y con los asesores de Aznar, y quizá con el propio presidente, para saber las razones de sus decisiones a lo largo de esos cuatro dramáticos días. Desgraciadamente, no encontré esas respuestas. La imagen que se da de nuestros gobernantes en el reportaje es la de unos políticos abrumados por la tragedia (es lógico) y que se sienten acosados por la reacción injusta y desproporcionada de políticos, medios de comunicación e incluso de los propios españoles. Ver para creer.

Hasta los periódicos cercanos al Gobierno han reconocido que los dirigentes del PP no supieron gestionar los días posteriores al atentado, en especial la forma de informar a los españoles. Convocar muchas conferencias de prensa no es sinónimo de transparencia informativa. Lo que cuenta es el mensaje y la información que se aporta en esas conferencias de prensa.

Algunos medios de comunicación se han embarcado en esas guerras civiles mediáticas tan del gusto de los periodistas de Madrid. Sería mejor que dedicaran su tiempo a otras cosas. Hay preguntas que siguen sin respuesta.