13.3.04

Tenemos derecho a saber

Miles de manifestantes vulneran la jornada de reflexión manifestándose ante la sede central del PP para pedir a gritos que se diga la verdad sobre la investigación de los atentados de Madrid. El candidato del PP a la Presidencia del Gobierno, Mariano Rajoy, vulnera la jornada de reflexión con una declaración pública (sin admitir preguntas) para denunciar estos hechos y acusar a algunos partidos (sin nombrarlos) de haber propiciado la protesta.

Ya tenemos una primera muestra de que nada va a ser igual después de la horrorosa matanza de Atocha. Al menos en cuanto a las jornadas de reflexión.

El ministro del Interior ha anunciado la detención de tres marroquíes y dos indios por su presunta relación con los atentados. Se les relaciona con la compra de la tarjeta prepago utilizada en el teléfono móvil encontrado en la mochila que no estalló. Según El Mundo:

Acebes ha explicado que aún es pronto para establecer vinculaciones entre los atentados de Madrid y los que el año pasado tuvieron lugar en Casablanca, aunque sí ha reconocido que alguno de los detenidos podría tener relaciones con grupos extremistas marroquíes.

El presidente del Gobierno y el ministro del Interior habían empeñado su credibilidad en la defensa de la autoría de ETA. Como si se necesitara que ETA hubiera cometido este atentado para confirmar lo que todo el mundo sabe: que es una organización criminal que no defiende ninguna opción política legítima y que sólo sabe expresarse a través del asesinato de inocentes. Pero el Gobierno, con su comportamiento, ha dado a entender que necesitaba que calara su mensaje por razones de interés propio. ¿Qué persona del Ministerio de Interior informó a los periodistas a las pocas horas del atentado que el explosivo utilizado era titadine, un sello habitual de ETA? ¿Qué les dijo Aznar a los directores de los principales periódicos para confirmarles en la hipótesis de ETA? ¿Qué pensaban obtener a cambio los corifeos del Gobierno, que trabajan en los principales medios de comunicación, públicos y privados, que corrieron a acusar a ETA, descartando la opción del terrorismo integrista?

¿Qué credibilidad les queda a unos y a otros?

Comentaba ayer en la redacción que lo malo de las manifestaciones masivas contra el terrorismo es que los medios de comunicación las dan por amortizadas a las 24 horas. Un día entero de cobertura máxima, y a otra cosa. Y para colmo, los periodistas nos limitamos a repetir aburridos el mensaje central de las manifestaciones (unidad ante los asesinos), y nos olvidamos de todas las miles de pequeñas historias que han llevado a la gente a manifestarse.

Por ejemplo, uno de los gritos más escuchados ayer en la manifestación, según me contaron los periodistas que la cubrieron, fue “¿Quién ha sido?” Nadie piensa que saber la identidad de los asesinos sea el paso previo a intentar justificar, comprender o comprender una matanza injustificable, incomprensible e incomprensible. Pero la gente quiere saber. Y los políticos y los periodistas nos limitamos a mirar a otro lado, y les decimos que todos los terrorismos son iguales y que no necesitamos saber nada más. Algunos llaman cómplices de los terroristas a esos ciudadanos que reclaman su derecho a saber.

Bueno, quedémonos con lo mejor. ¿Cuántas ciudades en todo el mundo después de sufrir un atentado así hubieran visto salir a la calle a uno o dos millones de personas? ¿Cuánta gente en otros sitios hubiera preferido quedarse en casa por miedo a sufrir otro atentado? Cuando la gente no tiene miedo a salir a la calle por millones, significa que están dispuestos a todo por defender su libertad. Ellos son los que están al mando, no los terroristas.