12.3.04

11M

Escribo estas líneas a la una de la mañana cuando aumentan las dudas sobre la autoría de la matanza de hoy en Madrid. Ya se sabe que en una furgoneta robada encontrada en Alcalá de Henares, la policía ha encontrado siete detonadores y una cinta con versículos del Corán. Ya se conoce el texto de un comunicado en el que una organización satélite de Al Qaeda reivindica el atentado terrorista. También se sabe que el Ministerio del Interior continúa manejando la hipótesis de ETA como la más probable. Al final de esta crónica, incluyo el testimonio de un superviviente que me da mucho que pensar. En cualquier caso, tener claro a estas horas quién es el autor de la salvajada es una irresponsabilidad y, como mínimo, un ejercicio algo gratuito.

Lo que sí es evidente y no admite ninguna discusión es el inmenso dolor que sienten centenares de familias al haber perdido a un marido, una esposa, un hermano, un padre, un amigo, centenares de historias de personas mutiladas para siempre. También es evidente que el atentado ha conseguido su primer objetivo de llenarnos de terror al contemplar esas imágenes, pero que no tiene por qué conseguir que el terror llene nuestras vidas para siempre. Eso sí depende de nosotros.

Mucha gente ha dicho hoy que se trata de nuestro 11 de septiembre. No lo es tanto en el sentido de que aquí no hay ninguna pérdida de inocencia, ninguna supuesta invulnerabilidad violada de improviso. Los españoles saben muy bien lo que significa vivir con el terrorismo. Sin embargo, ahora nos encontramos ante un dilema similar al que se enfrentó la sociedad norteamericana. ¿Sabremos aumentar las medidas de seguridad para proteger las vidas de nuestros ciudadanos sin que nuestras libertades democráticas se vean gravemente mermadas? La respuesta la sabremos en los próximos meses. Los políticos tendrán muchas respuestas preparadas, pero la sociedad podrá y deberá tener algo que decir al respecto.

Ya sabemos qué es ETA y cuál es su sangriento curriculum. ¿Pero qué es la organización Brigadas de Abu Hafs al-Masri que ha reivindicado el atentado? Algunos periódicos dicen que se trata de un grupo desconocido. Al contrario, es un grupo muy conocido, pero sólo a través de sus comunicados. Ha reivindicado atentados muy reales, como los de Estambul, de mecánica parecida, por su simultaneidad, a los de Madrid. También ha reivindicado cosas absurdas, como el apagón que sufrió el noreste de EEUU el año pasado. Su aparición virtual, a través de notas enviadas siempre al mismo periódico árabe editado en Londres, suele ser acogida con escepticismo. Al Qaeda nunca ha tenido la costumbre de reivindicar los atentados. No es una organización terrorista al estilo occidental, con unos objetivos muy concretos y una organización controlada totalmente por sus dirigentes. Pero los hijos de Al Qaeda pueden ser muy diferentes.

Hace unas semanas, leí en The New York Times una serie de hipótesis manejadas por los servicios de inteligencia norteamericanos (en el caso del terrorismo inspirado por Osama Bin Laden, las hipótesis son más que las pruebas). Se decía que Al Qaeda, como organización, estaba derrotada: se refería a la derrota de los talibanes, a las detenciones de los dirigentes más cercanos a Bin Laden y a la imposibilidad de los otros líderes de controlar a sus células por el acoso de EEUU y Pakistán. Pero eso no quería decir, según la hipótesis, de que Al Qaeda, como amenaza, estuviera acabada. Ahora sirve como inspiración y modelo a decenas de pequeños grupos de fanáticos sin conexión entre sí, que no necesitan recibir órdenes de ningún Osama.

Las Brigadas de Abu Hafs al-Masri toman su nombre de uno de los apodos de Mohamed Atef, que fue “jefe militar” de Al Qaeda hasta que murió en un ataque norteamericano con misiles. Lo que llama la atención de su supuesto comunicado de hoy es que el lenguaje utilizado es muy similar a otras reivindicaciones anteriores. Ya habían avisado a los aliados de EEUU, aunque no habían mencionado en concreto a España, de que ellos no se iban a librar de sus represalias:

“Decimos al criminal Bush y a sus lacayos, tanto árabes como extranjeros, especialmente Gran Bretaña, Italia, Australia y Japón, que los carros de la muerte no se limitarán a Bagdad, Riad, Estambul, Yerba, Nasiriya, Yakarta y otros sitios”. (15 de noviembre del 2003).

En el comunicado de hoy, inciden en la misma línea:

“¿Quién os protegerá de nosotros a ti (Aznar), a Gran Bretaña, a Italia, a Japón y a otros agentes? Cuando golpeamos a las tropas italianas en Nasiriya ya enviamos a los agentes de América una advertencia: retiraros de la alianza contra el Islam. Pero no entendisteis el mensaje”.

Son datos que conviene tener en cuenta, pero que no se pueden considerar como pruebas concluyentes. Los explosivos son el ADN de los terroristas. Cada grupo suele emplear siempre el mismo tipo de explosivo, es el que saben cómo conseguir y conservar, el que saben convertir en una bomba preparada para estallar. Si el explosivo utilizado en los atentados de Madrid es el tipo de dinamita que usa ETA, es normal que ésa sea la primera pista de la Policía.

Por otro lado, el dato de la furgoneta encontrada en Alcalá es muy llamativo. Un reportero de Telecinco ha tomado imágenes de la furgoneta precintada por la policía cuando estaban a punto de llevársela. Eso ha sido hacia la 1 de la tarde, sin que el reportero desde luego supiera lo que había dentro. Es de suponer que la Policía ha encontrado pronto esos detonadores. Menos de una hora después, Aznar no se ha referido en concreto a ETA en su declaración de condena.

De entre todo el material rodado por los equipos de Telecinco, acabo de ver el testimonio de un superviviente de los atentados: una persona que viajaba en uno de los vagones intermedios de uno de los trenes atacados. Cuenta que la primera bomba estalló en el último vagón. Los ocupantes del vagón en el que viajaba han salido rápidamente y se han dirigido hacia delante para huir de la zona de la explosión. Menos de un minuto después, según su testimonio, ha explotado otra bomba en uno de los primeros vagones y ha alcanzado a muchas de las personas que huían de los vagones traseros. ¿Podían ajustar tanto los terroristas el momento de cada explosión con un temporizador, podían saber que los supervivientes iban a huir en esa dirección?

Como decía al principio, todos éstos son datos que hay que tener en cuenta, pero que no pueden llevar a una conclusión inapelable. Lo que no hay que olvidar es que ante matanzas como éstas, lo importante no es tanto la identidad de sus autores como la respuesta de la sociedad democrática.