2.2.04

Senadores engañados

Las últimas revelaciones de David Kay (ex jefe del equipo de la CIA encargado de buscar las armas de destrucción masiva en Irak) han dejado sorprendidos e indignados a muchos congresistas norteamericanos. Perdidas la mayoría de las esperanzas de encontrar las armas, ahora se preguntan por qué los informes de los servicios de inteligencia anunciaban justamente lo contrario antes de la guerra. Para estos congresistas, no se trata de un detalle irrelevante ni que pueda quedar amortizado por la evidente ventaja de haberse deshecho de un dictador como Sadam.

Algunos políticos como el vicepresidente Cheney continúan a lo suyo y seguirán negando la evidencia tanto tiempo como sea necesario. Otros, como Colin Powell y Condolezza Rice, han adoptado posturas más matizadas. Sin embargo, Rice y el portavoz de la Casa Blanca han llegado a explicar que nunca dijeron que la amenaza de Sadam fuera inminente, pero sí lo suficientemente grave como para justificar la invasión de Irak. Los congresistas demócratas que votaron a favor de la guerra creyeron entender justamente lo contrario.
El senador Nelson, demócrata por Florida, intervino en la cámara el 28 de enero para recordar la información que le suministraron en una sesión secreta:

Quiero aprovechar la oportunidad para informar al Senado de información concreta que recibí, que ha resultado ser falsa. Fui uno de los 77 senadores que que votó a favor de la resolución de octubre del 2002 por la que se autorizó la asignación de fondos necesaria para que el presidente ordenara el ataque a Irak. Yo voté a favor. Quiero contar la información concreta que recibí y que tuvo una gran influencia en mi decisión de votar a favor. Hubo otros factores, pero esta información me convenció de que existía un peligro inminente para los intereses de EEUU.

Se me dijo, a mí y a todos los senadores de esta cámara en la habitación segura del Capitolio, no sólo que había armas de destrucción masiva, en concreto biológicas y químicas. Me dijeron mirándome a la cara que Sadam Hussein tenía los medios para lanzar esas armas químicas y biológicas de destrucción masiva con vehículos no tripulados, llamados UAVs (unmanned aerial vehicles). Más tarde, se me dijo cara a cara que que esos UAVs podían lanzarse desde barcos situados en la costa Atlántica para atacar las ciudades de la costa este de EEUU. (...)

Ahora sabemos, sobre la base del testimonio del doctor Kay ante la Comisión de Servicios Armados (del Senado) que esa información era falsa, y que no sólo no había armas de destrucción masiva, químicas o biológicas, sino que no existía una flota de UAVs, vehículos no tripulados, ni existía ninguna posibilidad de colocar esos UAVs en barcos, ni de llevarlos hasta la costa Atlántica y lanzarlos sobre las ciudades de EEUU de la costa este.


El senador Nelson continúa su intervención relatando a los senadores que supo después de la guerra que dentro de los diferentes servicios de inteligencia existía un intenso debate sobre el valor de esta información sobre los supuestos vehículos no tripulados. Algunos representantes de los servicios no daban ninguna credibilidad a estas alegaciones.

Pero no supe nada de esto antes de la votación, nadie me lo dijo. No me contaron que existía un intenso debate sobre si esa información era cierta o no. Me dieron esa información como si fuera un hecho, y cualquier persona razonable hubiera llegado a la conclusión de que los intereses de EEUU y sus ciudadanos estaban ante un peligro inmediato. Y eso ha resultado ser falso.

Parece que el Reino Unido no es el único país en el que los servicios de inteligencia vivieron un intenso debate sobre los datos que conocían sobre la amenaza de Sadam y el Gobierno presentó esa información cuestionada como si fueran hechos incuestionables. Hechos, como dice Nelson, que han resultado falsos. Al menos, a los senadores norteamericanos no les dijeron que los vehículos no tripulados podían llegar a las costas de EEUU en 45 minutos.