5.2.04

¿Quién engañó a quién?

Asustado por los cañones que apuntan a la organización que dirige, George Tenet se ha unido hoy al grupo de arquitectos de la guerra que ahora nos intentan convencer de que ellos nunca dijeron que Sadam era una amenaza inminente para EEUU y Europa. El director de la CIA ha dicho en una conferencia en la universidad de Georgetown que sus agentes no son infalibles porque "nunca van a estar en lo cierto ni completamente equivocados".

Será mejor que se busque una excusa mejor. Los neoconservadores que apoyaron de forma entusiasta la causa de la guerra han comenzado a dirigir sus acusaciones contra la CIA. Ahora son ellos los engañados. Richard Perle, ex asesor del Pentágono, es uno de los halcones que con más intensidad pidió la invasión de Irak por la evidente amenaza que suponía Sadam:

Si (Sadam) nos engaña y continúa mejorando, perfeccionando e incrementando su arsenal de armas químicas y biológicas, la amenaza sobre nosotros, que ya es grande, crecerá. (Declaración ante el Congreso de EEUU en el otoño del 2002).

Una vez que las armas no han aparecido, Perle no reconoce que los políticos de la Administración Bush hubieran exagerado la amenaza de Sadam. Ahora acusa a la CIA de haber engañado a Bush con información falsa. Una variante periodística de este descaro se puede encontrar en el artículo del columnista de The New York Times David Brooks. Brooks es otro partidario de la guerra que ahora se burla de los métodos “científicos” de la CIA (se refiere al uso de satélites y tecnología avanzada en vez del tradicional uso de espías sobre el terreno para obtener información). En el artículo (The scientific methods of the CIA), no aparece ninguna crítica a Bush, Rumsfeld o Wolfowitz, aunque sí un reconocimiento de que en el futuro lo tendrán difícil para justificar nuevas invasiones con información obtenida por los servicios de inteligencia:

En la era del terror global y de las armas de destrucción masiva, no podemos esperar a que la amenaza esté ya sobre nosotros. Y sin embargo, a causa de los errores sobre los arsenales iraquíes de armas de destrucción masiva, nos va a resultar difícil actuar de forma preventiva porque no confiaremos en la información (de los servicios de inteligencia).

En España, nuestro Gobierno lo tiene más fácil. Ni se molesta en defenderse con argumentos ni en criticar los informes equivocados de los servicios de inteligencia occidentales. ¿Para qué teniendo tantos medios de comunicación que siguen las consignas? Por eso, nuestros ministros pueden permitirse el lujo de decir que sus sospechas sobre las armas de Sadam provenían… ¡de los informes de los inspectores de desarme de la ONU!

Convendría que echaran un vistazo a un artículo del director de la revista Newsweek, Fareed Zakaria: We had good Intel, The UN’s. Zakaria cuenta que sí existían datos e informes que fueron precisos y que no han quedado desfasados por la realidad, los aportados por los inspectores de la ONU, pero no en el sentido argumentado por los gobernantes españoles. Algunos párrafos:

Hubo un grupo cuyas estimaciones antes de la guerra sobre la capacidad iraquí nuclear, química y biológica han resultado devastadoramente cercanas a la realidad: los inspectores de la ONU. Piensen en lo que Mohamed El Baradei, jefe de la agencia nuclear de la ONU, dijo al Consejo de Seguridad el 7 de marzo del 2003, después de que sus equipos hubieran hecho 247 inspecciones en 147 lugares: “No hay pruebas de que se hayan reanudado las actividades nucleares…, ni ninguna indicación de actividades prohibidas en los lugares mencionados”. Continuó diciendo que las pruebas sugerían que Irak no había importado uranio desde 1990 y que ya no tenía un programa de centrifugadoras. Al final, dijo que la capacidad nuclear de Irak había quedado desmantelada en 1997 y que el uso de plantas industriales de uso dual había quedado anulada.

En relación a las armas químicas y biológicas, los inspectores de la ONU dirigidos por Hans Blix realizaron 731 inspecciones entre noviembre del 2002 y marzo del 2003. A pesar de las alegaciones del Gobierno de EEUU sobre la existencia de arsenales de armas y programas de armas en funcionamiento, no encontraron pruebas de ninguno de los dos. En su informe ante el Consejo de Seguridad, Blix fue siempre razonable: “No se debe concluir que (las armas) no existen”, dijo. “Sin embargo, esa posibilidad no puede descartarse”. (…)

¿Por qué los inspectores (de la ONU) tenían razón y el Gobierno no? En parte, por la presión política. La CIA había recibido acusaciones durante 30 años de la derecha por ser demasiado blanda con los soviéticos, los chinos y más recientemente con Sadam. (No importa que al final la CIA fue más precisa en sus valoraciones que los neoconservadores. Perdió la batalla política). Los inspectores de la ONU hicieron sus valoraciones sin miedos (Algunos sí intentaron asustarles. “No dudaremos en desacreditarles”, dijo el vicepresidente Cheney a Blix antes de que empezara su trabajo).


Desde luego, es posible que el director de Newsweek esté equivocado. También existe la posibilidad de que quien tenga razón sea José María Aznar que dijo en una entrevista en TVE el 13 de febrero del 2003:

Puede usted estar seguro, y pueden estar seguras todas las personas que nos ven, de que les estoy diciendo la verdad: el régimen iraquí tiene armas de destrucción masiva, tiene vínculos con grupos terroristas y ha demostrado a lo largo de la historia que es una amenaza para todos.

Ahora sí que estamos seguros.