1.2.04

El tercer peor mes

Primero, dijeron que la muerte de los hijos de Sadam provocaría un descenso de los ataques de la resistencia en Irak. No hubo tal descenso. Luego, dijeron que la detención de Sadam desmoralizaría a los grupos armados compuestos por ex miembros del partido Baas, y esta vez parecía que las esperanzas estaban mejor fundadas. Tampoco ha sido así.

Las muertes de soldados norteamericanos en combate subieron en enero, según el Financial Times. Fueron 33, frente a 24 bajas mortales en diciembre. Ha sido el tercer peor mes desde la caída del régimen de Sadam, por detrás de octubre (35) y noviembre (94) del 2003. Parece que el número de ataques sí ha descendido, pero las cifras demuestran que la seguridad, o la falta de ella, continúa siendo el problema más grave al que se enfrenta la postguerra iraquí. De hecho, es probable que la violencia sea el mayor obstáculo para una convocatoria rápida de elecciones, como desean los grupos shiíes contra la opinión del Gobierno norteamericano. Pero los americanos no pueden enarbolar esta causa, porque a fin de cuentas demostrarían también su fracaso en acabar con una resistencia armada a la que siempre se ha considerado militarmente insignificante. Puede que lo sea, pero su impacto político es mucho mayor.

La policía iraquí también está pagando un duro precio, aunque pocas veces aparecen en los periódicos su cifra total de bajas. El ministro iraquí del Interior ha dicho hace unos días que han muerto 300 policías desde el 1 de mayo del 2003.

Sin pistolas, por favor


Muchos periodistas norteamericanos hacen su trabajo en Irak protegidos por escoltas armados. Algunos, como el reportero de The New York Times Dexter Filkins, han llegado a llevar pistola en algunos desplazamientos. Ahora su periódico ha decidido prohibirle ir armado, aunque permitirá que sus reporteros lleven guardaespaldas, sólo cuando sea necesario.

Las cadenas de TV obligan a sus reporteros a viajar siempre protegidos por guardaespaldas. Hace unos días, dos vehículos de la CNN sufrieron una emboscada muy cerca de la zona en la que murieron los siete agentes españoles del CNI. En el ataque fallecieron acribillados un productor y un conductor, ambos iraquíes. En el otro coche, un 4x4 probablemente blindado, viajaban los periodistas norteamericanos y el guardaespaldas armado. Este coche fue el primer atacado, pero pudo escapar, después de que el escolta disparara contra los agresores. El reportero Michael Holmes dijo después que estaba seguro que si el escolta no hubiera utilizado su arma, ahora estarían todos muertos.

NOTA POSTERIOR:
La cifra de muertos que da el Financial Times es hasta el 28 de enero. El día 31, tres soldados murieron al explotar una bomba al paso del vehículo en el que viajaban. Por tanto, los muertos en enero llegan a 36, sólo superados por la cifra de noviembre.