12.2.04

Cemento sospechoso

Las acusaciones de corrupción en la Autoridad Palestina son uno de los asuntos más dolorosos para los habitantes de Gaza y Cisjordania. La falta de un control efectivo sobre las finanzas, que se basan en su mayoría en donaciones internacionales, es campo abonado para todo tipo de irregularidades. Desde que Salam Fayad fue nombrado ministro de Finanzas, algunas cosas han mejorado, pero la Autoridad Palestina no ha conseguido quitarse de encima una sospecha compartida por muchos palestinos, incluidos algunos diputados.

En las últimas 48 horas, han aparecido dos noticias que van a desmoralizar aún más a los palestinos y a reducir su confianza en sus dirigentes. Además, servirán de munición para las disputas internas entre los políticos que compiten por colocarse en una posición ventajosa de cara a la futura sucesión de Arafat.

Una comisión del Parlamento palestino está investigando si una compañía fabricante de cemento, propiedad de la familia del primer palestino, Abú Alá, aporta material en la construcción de asentamientos judíos en Cisjordania, según la agencia Associated Press. Abú Alá lo ha desmentido, pero unas imágenes de la TV israelí Canal 10 han puesto en evidencia a la compañía, que está gestionada por un hermano del primer ministro. Las cámaras tomaron imágenes de hormigoneras que salían de la empresa, Al Quds Cement Company, y se dirigían al asentamiento de Maale Adumin.

Otras acusaciones indican que la empresa también ha aportado cemento para la construcción del muro que separa Jerusalén de los territorios palestinos. Evidentemente, Abú Alá no debe de saber nada de esto último, en el caso que sea cierto, porque la oposición al muro es uno de los ejes de su política (prácticamente, es el único) y además la barrera se construye a pocos metros de su casa en el pueblo de Abú Dis. En cualquier caso, lo sepa o no, la noticia no va a aumentar la popularidad de Abú Alá entre los palestinos.

La otra noticia tiene que ver con la mujer de Arafat. La justicia francesa está investigando transferencias por valor de nueve millones de euros recibidas entre julio del 2002 y julio del 2003 en la cuenta corriente de Suha Arafat en un banco francés. La investigación es aún preliminar y se originó cuando el banco central informó a los fiscales de estas transferencias regulares enviadas desde Suiza, por si vulneraban las normas sobre blanqueo de capitales.

Como siempre que se producen denuncias de corrupción, la actitud de la población y dirigentes palestinos suele ser la de exonerar a Arafat y culpar a la gente que le rodea. Cualquiera que haya visto cómo vive Arafat, sobre todo en los cuatro últimos años, se habrá dado cuenta que la suya no es precisamente la vida de un potentado que vive en medio del lujo. Pero ése es un triste consuelo, porque el presidente palestino no parece darse cuenta de la gravedad de estas denuncias.