18.1.04

Sean Penn vuelve a Irak

Sean Penn viajó a Irak antes de la guerra como una forma de manifestarse públicamente contra los planes de su Gobierno. Ahora ha vuelto allí, aunque sólo por unos días, para escribir dos artículos que se han publicado en el San Francisco Chronicle. El actor estuvo en Bagdad en diciembre justo antes de la detención de Sadam.

A pesar de su rotunda oposición a la invasión de Irak, el actor no ha escrito dos piezas propagandísticas. Tampoco se las da de experto en Oriente Medio ni da lecciones a los periodistas o a los soldados de su país. No es como Vargas Llosa que va por el mundo impartiendo lecciones de democracia.

El primer artículo, A year later, Sean Penn returns to Iraq and files a personal, candid report from the front, no es muy interesante. El segundo merece la pena: At war Sean Penn finds getting out of Iraq even tougher than getting in.
Ahí es donde cuenta su encuentro nocturno con unos supuestos mercenarios, es decir, empleados de compañías de seguridad privada contratadas por el Pentágono para adiestrar a la nueva policía iraquí y otros asuntos menos confesables. Se reúne con un líder tribal integrante del Consejo de Gobierno iraquí, que le explica las dificultades de una transición rápida a una democracia que los iraquíes nunca han conocido. Al día siguiente, el actor tiene una rara oportunidad que muchos periodistas hubieran deseado tener: volver a ver al que fue su minder en el viaje anterior a Irak (los minders eran los guías-vigilantes que el Gobierno asignaba a los periodistas para controlarles). Penn da por hecho que son estos funcionarios de nivel medio del partido Baas los que están alimentando la resistencia, así que no tiene muchas ganas de profundizar en la relación.

Sus dos artículos son dos ejemplos bastante honestos de turismo periodístico. Es cierto que no aportan grandes revelaciones, pero están bien escritos y demuestran que Penn fue allí más con intención de escuchar que de hablar. El director del Chronicle dice que le pagaron la tarifa habitual para los freelance, de 200 a 1.000 dólares (pero sin abonar los gastos del viaje), en función de su extensión.