5.1.04

Periodistas armados

Dexter Filkins es un ciudadano norteamericano cuyo trabajo le obliga a viajar por las carreteras de Irak, incluidos algunos de los sitios más peligrosos del país. En sus desplazamientos, Filkins va armado con una pistola. No es algo que deba sorprender demasiado, a menos que comentemos que Dexter Filkins es periodista, uno de los corresponsales en Irak de The New York Times.

Should journalists in war zones carry weapons? se pregunta The Wall Street Journal en un artículo en el que se discuten las medidas de seguridad de los periodistas en Irak. El caso de Filkins es singular, deben ser realmente muy pocos los reporteros que llevan armas. Sí son muchos los periodistas norteamericanos, en especial de TV, que hacen su trabajo protegidos por guardaespaldas armados, la mayoría de ellos ex soldados.

La guerra de Irak ha supuesto una cierta pérdida de la tradicional inocencia con la que los periodistas trabajan en las zonas de guerra. Quizá no sea inocencia, ni tampoco arrogancia, pero hasta ahora los periodistas han trabajado con la sensación de que su seguridad está garantizada, hasta cierto punto, por su condición de no combatientes. Los reporteros no deberían llevar armas, dice el Committee to Protect Journalists, y deben ser conscientes de que al emplear protección armada “pueden poner en peligro su estatus como observadores neutrales”.

A principios de noviembre, asistí junto a otros periodistas de Telecinco a un congreso en Hungría, al que asistieron medios de comunicación de Europa y EEUU, en el que se debatió la cobertura de la guerra de Irak. La discusión más extensa y polémica fue precisamente la dedicada al uso de guardaespaldas por las TV americanas. El director general de CNN International, Chris Cramer, defendió esta postura con el argumento de que los periodistas se han convertido en objetivos legítimos para los grupos armados iraquíes: “Algunas facciones nos consideran una extensión del poder del Estado. Y los periodistas somos increíblemente inocentes respecto a esta amenaza. Pensamos que por ser periodistas, somos intocables”.

Consideraciones políticas aparte, es cierto que hay un factor económico que debe alertar a los periodistas. Cramer lo resumió en la frase “somos cajeros automáticos andantes”. La gran cantidad de dinero que los equipos de periodistas de TV suelen llevar encima los convierte en un buen objetivo para los ladrones. Esto es así en la carretera que va de Ammán a Bagdad. Muchos periodistas han sido víctimas de robos en esa carretera, pero ninguno ha sufrido ningún daño físico.

Casi todos los periodistas europeos presentes en el congreso criticaron el uso de guardaespaldas. Todos piensan que esta medida sienta un peligroso precedente y aumenta las posibilidades de que los reporteros sean considerados combatientes. Un periodista de la BBC preguntó a los americanos qué pasará la próxima vez cuando los ladrones sepan que los periodistas van armados. Evidentemente, todo el mundo daba por hecho que los ladrones dispararían antes de preguntar. Otro periodista británico recordó que ha habido al menos dos incidentes en los que los escoltas han sido los primeros en abrir fuego.

Los periodistas norteamericanos no olvidan el secuestro y asesinato del corresponsal en Pakistán de The Wall Street Journal Daniel Pearl. Pero llevar un arma no le hubiera salvado la vida. Quizá la idea más clara en contra de su uso para reporteros la dé el jefe de la oficina de The Washington Post en Bagdad, que no tiene dudas: “Si crees que necesitas un arma para cubrir una historia, entonces no deberías hacerla”.

Los periodistas tienen la obligación de permanecer vivos por razones obvias. Y además, no deben olvidar que si matan a un reportero extranjero es probable que muchos medios decidan retirar a su gente, y esa guerra quedará sin cobertura de medios occidentales.

Pero la experiencia y la sabia elección de conductores y traductores locales, de los lugares que se pueden visitar y de las horas en que se puede estar en un sitio y no en otro, no pueden ser sustituidas por una pistola cargada. “La mayoría de los periodistas que conozco ni siquiera tienen buena letra, así que no me puedo imaginar que sean buenos tiradores”, dice un periodista citado en el artículo del Wall Street Journal. Y no puedo estar más de acuerdo.

(Más comentarios de periodistas norteamericanos sobre el uso de armas en Irak en el foro del Instituto Poynter).