20.1.04

Pendientes de la ONU

La figura política más importante hoy en Irak es el gran ayatolá Alí Sistani, un anciano clérigo musulmán. No ha salido de su casa en los últimos seis años, y sin embargo este ayatolá de barba blanca ha dirigido de hecho los planes de la Administración Bush para la transición democrática.

Así comienza el artículo The Cleric Spoiling US plans que publica The New York Times este fin de semana. Puede parecer algo exagerado, pero es precisamente la posición de Sistani la que obligó a Paul Bremer a reunirse ayer en Nueva York con el secretario general de la ONU, Kofi Annan. Es también su exigencia de elecciones directas la que echó ayer a la calle a varios miles de personas en Bagdad. La manifestación no fue tanto una amenaza como un aviso a EEUU de que sus seguidores no se encuentran sólo en el hasta ahora pacífico sur de Irak.

Bremer ha intentado de todas las formas posibles convencer al ayatolá de que es imposible celebrar elecciones en los próximos seis meses. Como no ha podido reunirse con él (Sistani se niega a entablar contacto directo con norteamericanos), Bremer ha enviado en su lugar a los miembros del Consejo de Gobierno iraquí. Ninguno ha tenido éxito y la mayoría de los políticos shiíes que integran el consejo han dejado claro que no pueden enfrentarse al principal líder religioso de los shiíes iraquíes.

La última baza es la ONU. Alí Sistani ha dado a entender que se conformaría con elecciones indirectas, fuertemente influidas por los norteamericanos, si Naciones Unidas reconociera que no hay tiempo material para convocar elecciones. Un mensaje de este calibre no se puede entregar por carta. Se necesita una presencia sobre el terreno de funcionarios de la ONU que certifiquen este paso. La ONU, ninguneada por EEUU después de la guerra, se convierte paradójicamente en la última carta con la que cuenta Bush para comenzar el proceso de devolución de poder a los iraquíes, y poder hacerlo cuatro meses antes de las elecciones en su país.

Hasta ahora, Annan se ha mantenido alejado de cualquier decisión que diera a entender que la ONU está trabajando en colaboración con EEUU en la reconstrucción de Irak. La falta de seguridad en el país le permite no enviar a sus representantes, porque no quiere que corran la misma suerte que Sergio Vieira de Mello. Por encima de todo, no está dispuesto a que la presencia de Naciones Unidas legitime la ocupación norteamericana de Irak. Sabe que cuando en julio se devuelva el poder a los iraquíes, decenas de miles de soldados permanecerán en el país, esta vez en calidad de invitados. Cuando los marines se atrincheren en sus cuarteles, los grupos armados terminarán por elegir objetivos más asequibles, y Kofi Annan no quiere que su gente pase a engrosar esta lista.

Annan dijo ayer que espera que su organización juegue un papel importante a partir de julio para ayudar a los políticos iraquíes a redactar una nueva Constitución y preparar elecciones. Repito, a partir de julio. Lo más probable es que Annan termine por aceptar la petición de Bremer. Esa primera delegación de la ONU le permitirá entablar contactos con los nuevos dirigentes iraquíes, contactos que se puedan rentabilizar a partir de julio. Quizá para entonces, EEUU haya perdido algo de interés en Irak y no ponga tantos inconvenientes para que sea la ONU la principal interlocutora y asesora del primer Gobierno iraquí de la era post-Sadam.


El mundo, según George Bush


First, let me make it very clear, poor people aren’t necessarily killers. Just because you happen to be not rich doesn’t mean you’re willing to kill.
George Bush, Washington 19 de mayo de 2003.