30.1.04

Hutton, al servicio del poder

Una poderosa radio y televisión pública, símbolo de la libertad de expresión y la independencia, es humillada por los errores de un periodista poco riguroso. Un Lord a punto de retirarse, y obligado a agradecer los servicios prestados por el establishment, demuestra que en el Reino Unido quedan muchos jueces que creen que su principal función es la de servir al poder. Un Gobierno debilitado se enchufa a un balón de oxígeno que no le durará mucho tiempo.

El veredicto de Hutton (ya no es necesario añadirle el Lord) ha supuesto una gran ayuda a todos los que piensan que la razón de Estado siempre está por encima de la libertad de expresión. Periodistas 21 ha expresado muy bien el doble rasero aplicado en la condena de la BBC y la absolución de Tony Blair:

Pero, sobre todo, exige a la BBC un grado de comprobación de la realidad que no exige al Gobierno británico y a sus servicios secretos. Blair y el aparato gubernamental se pueden equivocar y llevar a Gran Bretaña y al mundo a la guerra. Pero un periodista de televisión, no.

Hutton confirma todas las críticas a la BBC que eran evidentes para cualquiera que hubiera leído las declaraciones prestadas ante la comisión de investigación judicial. Hutton olvida o justifica, a veces de forma vergonzosa, todas aquellas declaraciones y documentos escritos que cuestionan el papel del Gobierno en el proceso de elaboración del informe de los servicios secretos sobre las, ahora inexistentes, armas de destrucción masiva de Sadam.

La crónica de The Independent lo deja claro: How a judge’s narrow remit allowed Government off hook on vital issues of case of war.
No es cierto que el Gobierno incluyera el dato de que Sadam podía ordenar disparar en 45 minutos sus armas de destrucción masiva sabiendo que era falso (como había dicho el reportero de la BBC), pero también sabía que varios expertos consideraban esta información risible o poco fiable. Sobre eso, Hutton no tiene nada que decir.

El jefe del MI6, el espionaje en el extranjero, sabía que ese dato se refería a munición de corto alcance (unas decenas de kilómetros) y no a armas estratégicas (centenares o miles de kilómetros). Los periódicos británicos dieron por hecho lo segundo, sin que el Gobierno se molestara en desmentirlo o aclararlo. Sobre eso, Hutton no tiene nada que decir.

También dijo el jefe del MI6 que se había dado una relevancia indebida, por excesiva, al dato de los 45 minutos. Sobre eso, Hutton no tiene nada que decir.

Varios emails presentados ante la comisión de investigación demuestran que Alastair Campbell, portavoz de Blair y enemigo declarado de la BBC, influyó en los servicios de inteligencia para que hicieran más contundentes sus conclusiones. Sobre eso, Hutton no tiene nada que decir. Perdón, sí dice algo. Dice que el autor del informe pudo verse subsconcientemente influido, pero que no escribió nada que contradijera la información de la que disponía. Subsconcientemente influido. ¿Desde cuando un juez analiza el subsconciente?

La única esperanza reside en suponer que la gente no puede ser tan estúpida como para aceptar un veredicto tan parcial (algo que sorprenderá a los idiotas de las tertulias radiofónicas que ayer elogiaban el sistema político por permitir (!!!!) que se hubiera llevado a cabo esta investigación). Y de hecho, las primeras encuestas lo confirman. Un sondeo del Evening Standard decía ayer que el 56% de la gente cree que Hutton fue injusto al cargar toda la culpa sobre la BBC. Según otro sondeo, de Sky News, el 67% afirmaba que Hutton no había contado la verdad.

Tony Blair:
Ellos (el presidente y el director general de la BBC) han decidido dimitir y el primer ministro cree que que dos hombre decentes y honorables han hecho lo decente y lo honorable, y ahora es momento de mirar adelante.

Alastair Campbell, ex portavoz de Blair:
El informe lo deja claro. El primer ministro dijo la verdad, el Gobierno dijo la verdad, yo dije la verdad. La BBC, desde el presidente y el director general hasta abajo, no dijeron la verdad.

Gavyn Davies, presidente de la BBC al presentar la dimisión:
He llegado a la conclusión de que no puedes elegir a tu propio árbitro y que la decisión del árbitro es definitiva.

Michael Fabricant, diputado conservador.
Creo que un clima de miedo puede llegar a la BBC y si los periodistas se sienten intimidados, no sólo quedará dañada la integridad de la BBC sino también la libertad de expresión.

Austin Mitchell, diputado laborista:
El peligro está en que el informe es tan parcial que no va a tener credibilidad. Sencillamente, la gente no se lo va a creer.

Sir John Walker, ex jefe de la inteligencia militar:
No hay duda de que fuimos a la guerra sobre la base de que había armas de destrucción masiva que podían usarse en 45 minutos y que eran una amenaza para los intereses británicos. Fuimos a la guerra sobre esa base, y las armas no estaban allí.

29.1.04

El Daily Mirror da en el clavo



28.1.04

El Lord absuelve a Blair

Hace unos días, se creía que hoy iba a ser una de las jornadas más duras para Tony Blair e incluso algunos pensaban que sería el principio de su final como primer ministro británico. De ningún modo. El informe de Lord Hutton (la investigación de la guerra entre Blair y la BBC sobre los informes de los servicios de inteligencia a cuenta de la amenaza de Sadam y el posterior suicidio del científico David Kelly) ha terminado siendo una clara victoria para Blair y una resonante derrota para la cadena pública británica.

Todas las controvertidas medidas tomadas por el Gobierno han sido aprobadas por Hutton. Se ha dado por satisfecho con el proceso de elaboración del informe de los servicios de inteligencia. A pesar de que se ha confirmado que el principal portavoz de Blair, Alastair Campbell, hizo sugerencias para hacer más contundente las conclusiones del informe, Hutton ha decretado que su contenido era coherente con la información con la que contaban los espías británicos. Hutton no cree que hubiera exageraciones ni manipulación. Sencillamente, se cree la declaración que hizo el jefe de la comisión que elaboró el informe.

Como sabrán todos aquellos que leyeron el guión del programa de la BBC Panorama, (ver más abajo el post La BBC, Blair y los 45 minutos), el Gobierno fue filtrando datos a la prensa, sobre todo a The Times, para que se conociera el nombre de la fuente utilizada por la BBC (David Kelly) en una de sus más polémicas informaciones: la noticia de que el Gobierno había manipulado el informe de los servicios secretos para hacer más terrorífica la amenaza de Sadam.

Hutton niega que hubiera un plan deliberado para filtrar el nombre de Kelly. El Gobierno daba por hecho que su nombre iba a conocerse, y por eso era mejor ser franco con la prensa si ésta preguntaba en concreto por Kelly. (Cualquier periodista que haya tratado con políticos sobre asuntos confidenciales sabe que este argumento es risible. Cuando los políticos no quieren hablar de algo, no hablan).

En definitiva, el muy honorable Lord Hutton se cree todas las explicaciones del Gobierno, todas le parecen razonables y ninguna le merece una crítica de peso.

Con la BBC, las cosas son diferentes, entre otras cosas, porque la posición de la televisión pública era casi insostenible. Hutton ha dicho que no es cierto que el Gobierno supiera que era falsa la información de que Sadam estaba en condiciones de usar sus armas de destrucción masiva en un margen de 45 minutos, como había informado la BBC. Los directivos de la BBC permitieron que Andrew Gilligan diera una noticia que incluía un hecho falso, sin que ningún editor revisara esa información. La BBC cometió un grave error al no investigar los desmentidos del Gobierno y al no comprobar las notas que tomó Gilligan durante la entrevista con Kelly.

Hutton tiene razón en todos estos puntos. La arrogancia de un poderoso medio de comunicación se juntó a la desconfianza hacia el Gobierno (que estaría encantado si pudiera limitar la independencia de la BBC) y la incapacidad de una burocracia por aprender de sus errores.

Conclusión: Lord Hutton da credibilidad a todas las críticas dirigidas a la BBC y ninguna a las críticas dirigidas contra el Gobierno. El mejor resumen del informe lo da un participante en el foro abierto por la BBC. Un tal John Cooper, de Birmingham, dice: “Así que el establishment judicial británico cierra filas para proteger al Gobierno. ¡Oh, qué sorpresa!”

Titulares de la prensa británica:
BBC targeted as Hutton clears Blair. The Guardian
Hutton castigates BBC over “unfounded” Iraq report. The Independent
Hutton criticises Gilligan and BBC over report. The Times
BBC castigated in Hutton report. BBC
Informe completo de Lord Hutton

El informe Hutton

El contenido del informe Hutton ya está disponible en Internet. Lord Hutton ha reservado las críticas más duras a la BBC. El Gobierno de Tony Blair se ha salvado.
El texto completo del informe se puede leer aquí en formato PDF.

27.1.04

Los Oscars y la guerra


Vietnam y todas las guerras, incluidas las que aún no han terminado, han entrado hoy en los Oscars con la nominación de “The Fog of War” como mejor documental (categoría en la que también compite la película española “Balseros”). El documental es básicamente una entrevista con uno de los políticos norteamericanos más controvertidos de los últimos 40 años: Robert McNamara, secretario de Defensa con Kennedy y Johnson. Fue jefe del Pentágono durante siete años, es decir, durante el comienzo y escalada de la guerra de Vietnam.

“The Fog of War” ha recibido grandes elogios de la prensa norteamericana. Algunos la consideran ya visión obligada para todos aquellos líderes en cuyas manos están las decisiones que pueden empujar a un país a un conflicto bélico.

McNamara lamenta que la historia se esté repitiendo en Irak, que el Gobierno norteamericano esté cometiendo errores similares a los que EEUU y el propio McNamara cometieron en los años sesenta. Cree que su país está malgastando ahora su influencia y su condición de mayor potencia mundial, adoptando un camino que le aleja de sus aliados y de las principales instituciones internacionales que Washington ayudó a crear.

McNamara y el director del documental, Errol Morris, escarban sobre la moralidad de la guerra, incluso con el ejemplo de la guerra justa por antonomasia: la Segunda Guerra Mundial. Pero lo que se sabe ahora, dice Morris, plantea dudas morales que quizá sean imposibles de resolver:

“Se cree que la Segunda Guerra Mundial fue una guerra justa. Se cree que los aliados lucharon en el bando del bien y que todo lo que hicieron en la guerra estaba justificado por esa razón. Lo que poca gente sabe es que antes de que EEUU lanzara las dos bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki, los bombarderos B-29 del general Curtis LeMay habían matado ya a casi un millón de civiles japoneses, incluidos 100.000 en Tokio en la noche del 10 de marzo de 1945.

McNamara plantea profundas cuestiones morales acerca de su papel y por extensión de todo el objetivo aliado de ganar, como sea, la guerra contra Japón. Se pregunta: “Para ganar una guerra, ¿está justificado matar a 100.000 civiles en una sola noche? ¿Sería una decisión moral no incinerar a 100.000 civiles japoneses, pero en cambio sacrificar centenares de miles de vidas de americanos en una invasión de Japón?”

Más información:
The Fog of War. Web oficial del documental. (Requiere Flash) Una web muy original con testimonios de McNamara diseñados sobre una especie de reloj.
It’s just wrong what we’re doing. Entrevista a Robert McNamara en The Globe and Mail.
Lista de candidaturas a los Oscars

25.1.04

La BBC, Blair y los 45 minutos

Falta muy poco tiempo para que Lord Hutton haga públicas las conclusiones de la comisión de investigación judicial de un caso que puede hacer tambalearse al Gobierno de Tony Blair y a la BBC. Todo comenzó cuando la BBC informó que el Gobierno había incluido información falsa en el informe de los servicios de inteligencia sobre la amenaza que suponían las armas de destrucción masiva de Sadam. La identidad de la fuente de esta información, un científico y asesor del Ministerio de Defensa llamado David Kelly, terminó saliendo a la luz. Kelly no pudo soportar la tensión y se suicidó.

Nada se sabe aún del veredicto de Lord Hutton, pero sí se conoce el reportaje sobre este caso emitido el 21 de enero por la BBC. Su mejor programa informativo, Panorama, ha sido valiente al sacar a la luz los graves errores cometidos por reporteros y directivos de la cadena. (Los británicos tienen a la BBC, nosotros tenemos a Urdaci. El mundo es injusto).

El programa, hay un link con la transcripción del guión en un artículo de The Guardian, desvela también la responsabilidad del Gobierno de Blair. Se basa en las declaraciones hechas ante la comisión de investigación y los documentados presentados ante la misma (que en el guión aparecen bajo la palabra reconstrucción).

La clave de la polémica se encuentra en el informe de los servicios de inteligencia, suscrito por una comisión conjunta de varios servicios en las que están presentes altos cargos del Ministerio de Defensa. Los asesores de Blair están al tanto de este proceso y son conscientes de que necesitan un informe que deje clara la amenaza de Sadam para convencer a la opinión pública británica de la necesidad de ir a la guerra. Los asesores de prensa mantienen informado a Alastair Campbell (el principal portavoz de Blair) sobre la información facilitada por los espías. Y se hacen cambios en función de las órdenes o sugerencias de Campbell.

Un borrador del informe incluye el hecho más preocupante, el titular que Campbell está buscando: Se indica que las municiones químicas y biológicas podrían estar preparadas para un ataque en 45 minutos.

Pero no debe parecer demasiado contundente. La redacción definitiva dirá: Algunas de estas armas son desplegables en 45 minutos. Alastair Campbell lee los borradores y destaca nueve fragmentos que pueden ser retocados para ganar en contundencia. El jefe de la comisión de espías responde: Hemos podido enmendar el texto en la mayoría de los casos que nos ha propuesto.

Campbell queda encantado con la cobertura de los periódicos sensacionalistas. Los titulares escogen el dato de los 45 minutos:
45 minutes from attack (Evening Standard)
45 minutes from a chemical war (The Star)
Brits 45 minutes from doom
El Sun concreta la amenaza: Soldados y turistas británicos en Chipre podrían ser aniquilados por misiles con armas químicas lanzados desde Irak.

Días después un periodista de la BBC, Andrew Gilligan, habla con David Kelly, asesor del Ministerio de Defensa y experto en armas de destrucción masiva. Es su fuente para aparecer a las seis de la mañana en el programa Today con esta revelación:

Lo que nos ha contado uno de los responsables de la redacción del informe es que el Gobierno probablemente sabía que la cifra de los 45 minutos era falsa incluso antes de que decidieran ponerla en el informe. Una semana antes de su publicación, Downing Street ordenó que el informe se calentara, se hiciera más impactante e incluyera más hechos, según nuestra fuente.

La noticia desata la ira de Blair y Campbell, que desmienten tajantemente haber manipulado el informe de los servicios de inteligencia. El programa Panorama destaca en este punto el error lamentable de los directivos de la BBC, que apoyan la información de un reportero conocido por sus inexactitudes y su forma no muy rigurosa de presentar las informaciones. De hecho, ni siquiera llegó a escribir la polémica noticia que difundió a las seis de la mañana. Aparentemente, se sabía tan bien la historia que no se molestó en hacerlo. Ningún directivo revisa las notas que Andrew Gilligan tomó durante la entrevista a Kelly. El director general de la cadena no comprueba las frases exactas empleadas por Gilligan.

Antes de prestar declaración ante Lord Hutton, Gilligan confirma a sus jefes que su información es una descripción exacta de las palabras empleadas por su fuente. Pero ante la comisión, el reportero admite que no es así. Kelly nunca le dijo que el Gobierno probablemente sabía que la cifra de los 45 minutos era falsa. Sí le dijo que esa cifra provenía de una sola fuente, cuando el resto de los datos estaba confirmado por una segunda fuente, que no era una información muy fiable y que se había incluido en el informe con la oposición de varios expertos en armas de destrucción masiva. Pero la frase ahora desmentida es el origen de toda la polémica.

Tras la noticia de la BBC, y ante el vendaval originado, David Kelly admite a sus superiores que había hablado con Gilligan. También dice que no cree ser la fuente principal de la noticia, porque yo no había hecho ninguna acusación contra el Gobierno. Campbell está contento. Cree que tiene cogida a la BBC si Kelly era la fuente de su reportero y éste había distorsionado sus palabras. Pero necesita que la BBC admita que Kelly era la fuente, lo que la cadena no va a hacer. Así que el Gobierno comienza a filtrar datos a la prensa para que el nombre de Kelly salga a la luz. Después de una reunión con Blair, Campbell escribe en su diario:

Se acordó... que hagamos saber que la fuente no formaba parte de los servicios de inteligencia y que no estaba implicada en la redacción del informe.

Son precisamente las palabras que aparecen al día siguiente en The Times, que también cuenta que la fuente es un experto en armas de destrucción masiva. Campbell admite ante Lord Hutton que habló con varios periodistas para darles el mismo mensaje.

No es suficiente. Blair celebra una reunión con varios asesores y se acuerda emitir un comunicado. La declaración de Downing Street dice que la fuente es un experto en armas de destrucción masiva que asesora a los ministros y que trabaja en el Ministerio de Defensa. La lista de candidatos se estrecha. Alguien filtra a The Times que la fuente fue inspector de la ONU para el desarme de Irak. Y para dar el último empujón a la prensa, el ministro de Defensa ordena a sus asesores que lo confirmen si los periodistas preguntan si la fuente es Kelly. Un reportero hace 20 preguntas sin éxito. Al llegar a la 21, saca el nombre de Kelly y el Ministerio confirma que él es la fuente.

Ahora el Gobierno necesita que Kelly diga públicamente que la BBC manipuló sus palabras y hace que comparezca ante dos comisiones parlamentarias. La primera comparecencia acaba mal para el Gobierno. En medio de la confusión, la comisión llega a la conclusión de que Kelly no era la fuente. Kelly acaba humillado tras el interrogatorio.

Gilligan vuelve a entrar en escena. En un gesto inaudito, cuenta a un diputado laborista que Kelly es la fuente de otra información sobre el informe de las armas de Sadam obtenida por otra periodista de la BBC. Y esto es un problema, porque Kelly ha dicho a sus superiores que él no ha hablado con esa periodista. Sus jefes sabrán ahora que les ha mentido, lo que puede acabar con su carrera y su reputación.

El mismo día en que Tony Blair disfruta de un recibimiento triunfal en Washington David Kelly se quita la vida.

El reportaje de Panorama concluye volviendo a la raíz del problema: los célebres 45 minutos tras los cuales Sadam estaba supuestamente en condiciones de hacer uso de sus armas prohibidas. Recordemos que Kelly había contado a Gilligan que el Gobierno no se había inventado la cifra de 45 minutos, pero que provenía de una fuente poco fiable y que se había incluido en el informe contra la opinión de los expertos. Blair lo había desmentido públicamente:

La alegación de que los 45 minutos habían provocado malestar entre los servicios de inteligencia, que estaban en contra de incluirla en el informe, ... esa alegación es total y completamente falsa.

No era del todo cierto, al menos según la declaración ante Lord Hutton del ministro de Defensa:

No en ese momento, no antes de la publicación (del informe). Mucho tiempo después,... me enteré de que dos funcionarios habían expresado su preocupación sobre cierto lenguaje utilizado en el informe. Creo que es importante destacar que se trató de algo de tipo lingüístico. El debate era si una información en concreto indicaba, sugería o demostraba cierta conclusión.

Lo cierto es que los asesores de Blair influyen en el contenido del informe. Cuando éste va a ser enviado a la imprenta, el jefe del gabinete de Blair descubre una frase que no le gusta, porque sugiere que Sadam sólo sería una amenaza si era atacado. La frase es:

Sadam está preparado para usar armas químicas o biológicas si cree que su régimen está amenazado.

El asesor de Blar pide que se retoque la frase, que queda así:

Sadam está dispuesto a usar armas químicas o biológicas.

Con esta redacción, el informe sugiere que Sadam puede utilizar sus armas, incluso si no le atacan primero. Pero hay más. Ante Lord Hutton, el jefe del servicio de inteligencia, el MI6, reconoce que esas armas no supondrían una amenaza para las bases británicas de Creta, y mucho menos para territorio británico, y que por tanto se había malinterpretado el informe:

Creo que el informe original se refería a municiones químicas y biológicas y que se incluyó para referirse a municiones para el campo de batalla. Creo que las informaciones que se hicieron posteriormente aplicaron los 45 minutos a digamos armas de largo alcance.

Nunca se preguntó a Blair si sabía que el informe se refería a municiones de artillería de corto alcance que nunca habrían podido llegar a las bases británicas de Creta. Obviamente, el ministro de Defensa no se molestó en corregir esta información falsa. La alarma creada por los 45 minutos les beneficaba políticamente.

El informe definitivo de Lord Hutton incluirá probablemente algunas o todas de estas revelaciones, pero aún no sabemos cuál será su veredicto, qué críticas hará al Gobierno y a la BBC. Quizá veamos críticas duras a la BBC, por su soberbia, su incapacidad para reconocer errores y su confianza en un reportero poco riguroso. Quizá veamos fuertes críticas al Gobierno por interferir en el informe de los servicios de inteligencia para poder utilizar políticamente sus conclusiones. Tampoco saldrá bien parado por utilizar a David Kelly en su guerra particular con la BBC, hasta el punto de hacer todo lo posible para que su nombre saliera a la luz. El programa Panorama acaba con estas dos frases:

Quizá continúe siendo para siempre un misterio el efecto que tuvo en la mente del doctor Kelly el enfrentamiento entre la BBC y el Gobierno.

Otra víctima será la verdad, y quizá la confianza de la opinión pública en dos instituciones que presumen de decirla siempre.


Más información:
The Hutton Inquiry. Web oficial de la comisión de investigación judicial.
The Hutton Report. Sección especial sobre la comisión Hutton en The Guardian.

24.1.04

Y las armas siguen sin aparecer

David Kay ha tirado la toalla. En unas semanas, abandonará su puesto al frente de la unidad dependiente de la CIA que busca rastros de las armas de destrucción masiva por las que, no lo olviden, fuimos a la guerra de Irak. Ya tiene sustituto. Se trata de Charles Duelfer y su nombramiento ha llamado la atención. No por su currículum: fue inspector de armamento de la ONU y tiene una amplia experiencia en la búsqueda por todo Irak de estas armas. Lo que sorprende es que Duelfer asume un puesto en el que él mismo sabe que no tiene muchas posibilidades de éxito. A principios de enero, dijo:

Creo que está bastante claro que no van a encontrar en Irak armas de naturaleza química o biológica.

Mientras tanto, Dick Cheney continúa convencido de que la realidad no puede inmiscuirse en sus asuntos. El pasado jueves insistía en argumentos que ni siquiera su jefe, George Bush, se molestó en defender en su discurso del Estado de la Nación. Volvió a decir que hay pruebas abrumadoras sobre la relación permanente entre Al Qaeda y el régimen de Sadam. Los datos de los servicios de inteligencia le desmienten (o al menos son incapaces de confirmar esa sospecha), sólo recibe apoyo en los medios de comunicación que le apoyarían aunque dijera que hay vida en Saturno y hasta un compañero del Gobierno como Colin Powell dice que no existe una prueba concreta que demuestre esa relación.

Cheney también sostiene que dos camiones encontrados en Irak demuestran la existencia de un programa de armas de destrucción masiva. David Kay ha reconocido esta misma semana que esta noticia fue un fiasco embarazoso para la CIA, porque no hay pruebas que esos camiones formaran parte de un programa de armamento.

¿Es la soberbia o la estupidez la que empuja a Cheney a hacer estas declaraciones? Quizá ninguna de las dos cosas. Sabe que los periodistas suelen estar cautivos de los políticos, merced a esa penosa idea que dice que cualquier declaración que haga un político (en especial, si está en el Gobierno) tiene interés informativo.

Algo más de interés tiene la información que ha entregado la CIA a los gobernantes norteamericanos sobre el peligro de una guerra civil en Irak. Lo cuenta el Philadelphia Inquirer:

Agentes de la CIA en Irak han advertido que el país puede estar en el camino hacia una guerra civil, contradiciendo el pronóstico optimista hecho por el presidente Bush en el discurso del Estado de la Unión.

El aviso recoge el temor creciente a que la mayoría shií de Irak, que hasta ahora ha aceptado con reservas la ocupación norteamericana, pueda optar por la violencia si sus demandas de elecciones directas son rechazadas.


Los norteamericanos no quieren que se celebren elecciones hasta finales del 2005 y prevén entregar en verano el poder a un Gobierno iraquí elegido en asambleas regionales que a su vez no serían elegidas por sufragio universal. Los shiíes no están dispuestos a esperar tanto tiempo.

22.1.04

El spam hace la guerra

Desgraciadamente, el spam (envío masivo de emails no solicitados y con fines comerciales) goza de buena salud. Algunos, los más agoreros, piensan que a este ritmo terminará por acabar con el email, en especial si los usuarios tienen que comenzar la jornada laboral borrando el diluvio de mensajes. Leo en The Washington Post que el 40% de los emails que circulan por EEUU son spam, aunque el cálculo proviene de una empresa de software antispam (quizá la noticia también apareció en forma de spam no solicitado).

Parece que la guerra de Irak también ha provocado como daño colateral el aumento del spam. En marzo del 2003, se descubrieron en EEUU 2.469 emails con spam que contenían las palabras “Iraq”, “war” y “troops”, mientras que en febrero sólo hubo 292. Buena parte de estos mensajes comerciales venden productos de contenido patriótico (pins, banderas, medallas conmemorativas) o productos de más difícil salida comercial, como máscaras antigas.

Hay una variante del spam de intencionalidad política que no está tan extendido como el comercial. Hace unos días, he recibido un email llamado “Emisión de Las fosas del olvido”. Ha llegado en una cadena comenzada por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. Cuenta que el programa Documentos TV emitirá pronto el reportaje “Las fosas del olvido”, en el que se habla de los 30.000 desaparecidos de la guerra civil y de las exhumaciones de las fosas comunes de la guerra. La Asociación pide a los receptores que se conviertan en “pequeños activistas de la memoria” para que mucha gente vea el documental y poder así “utilizar la cifra de su audiencia para respaldar la labor de la asociación”.

Espero que no se me entienda mal. Me parece una buena idea que se haya hecho ese documental y es normal que la Asociación aspire a que lo vea el mayor número posible de gente. Teniendo en cuenta las alternativas que hay ahora mismo en televisión, seguro que es la mejor opción. Sin embargo, convertir la cifra de audiencia de Documentos TV en una especie de referéndum sólo demuestra que hay gente que vive fuera de la realidad. Lo más probable es que esta cadena de emails no tenga ningún efecto, porque estoy seguro de que los periódicos informarán de la emisión del programa, y el que quiera verlo lo hará, con o sin emails.

Puede parecer que el envío de estos emails es por una causa justa, pero si se extienden provocarán el mismo efecto que el spam comercial. Sus creadores también piensan que la suya es una causa muy justa, la de ganar dinero.

21.1.04

Las apuestas de George Bush

Todos los analistas coinciden en que Bush ha empeñado el éxito de su presidencia, y por tanto sus posibilidades de reelección, en el desenlace de su política sobre Irak. No porque nadie le haya forzado a hacerlo, sino porque él ha querido comprometerse. Por eso, no es de extrañar que en su discurso sobre el Estado de la Unión presentara la situación actual de Irak como uno de los grandes logros del último año. Por la misma razón, no debe sorprender que haya pasado por encima de la amenaza lanzada a los cuatro vientos hace un año: las armas de destrucción masiva. Le dedicó tan sólo dos frases en un discurso que duró 54 minutos.

Bush interpretó en detalle la partitura que diseñó su Administración desde los atentados del 11S. Nos encontramos, dicen, en una guerra global contra el terrorismo, una guerra que sólo puede acabar con una victoria que nadie sabe exactamente cuándo se producirá:

“Han pasado 28 meses desde el 11 de septiembre del 2001, más de dos años sin un atentado en suelo americano, y es tentador pensar que el peligro ha pasado. Esa esperanza es comprensible, cómoda y falsa”.

La guerra permanente. Sin tregua. Sin negociaciones de paz. Sin un enemigo visible al que se pueda derrotar en el campo de batalla. Sin la promesa de un fin rápido que permita a la sociedad desentenderse de la amenaza. La guerra que deja al Gobierno las manos libres para aplicar medidas de emergencia sin fecha de caducidad. Es lo que en inglés se llama win-win situation. El Gobierno de Bush no puede perder. Si hay un nuevo atentado tan terrible como el del 11S, quedará demostrado que no se puede bajar la guardia. Si NO hay un atentado masivo, el discurso de ayer nos dice que bajar la guardia sería un error imperdonable.

En el caso de Irak, el destino que Bush ha elegido no le permite estar en una situación tan envidiable. Ya no promete que se encontrarán las armas de destrucción masiva. A lo máximo que llega es a decir que se han identificado “decenas de programas relacionados con las armas de destrucción masiva y cantidades significativas de material que se ocultó a Naciones Unidas”. Supone una diferencia muy evidente con el discurso del año pasado, cuando detalló una extensa lista de armas y munición de consecuencias espeluznantes si hubieran estado al alcance de Sadam. En el discurso ante el Congreso, Bush destacó que el fin de la dictadura de Sadam y la liberación del pueblo iraquí son lo que justifica de sobra la decisión de invadir Irak.

Lo malo de este razonamiento es que en uno, dos o tres meses, los norteamericanos se estarán preguntando por qué sus soldados continúan en un país en el que ya han muerto 500 de ellos. Si la razón de la invasión era acabar con Sadam, este objetivo ya se ha conseguido, como alardea con justicia Bush. ¿Por qué debe seguir allí John Smith cuando mañana puede saltar por los aires por una bomba colocada por la resistencia iraquí? Si las cifras de muertos y heridos continúan a este ritmo, las bajas en combate y en accidentes habrán superado con creces el millar cuando los norteamericanos tengan que votar.

Para entonces, la sombra de Sadam será tan tenue como la de Osama bin Laden, pero quizá sea mucho menos rentable para los intereses de Bush.

Documento
Texto íntegro del discurso de George Bush.

20.1.04

Pendientes de la ONU

La figura política más importante hoy en Irak es el gran ayatolá Alí Sistani, un anciano clérigo musulmán. No ha salido de su casa en los últimos seis años, y sin embargo este ayatolá de barba blanca ha dirigido de hecho los planes de la Administración Bush para la transición democrática.

Así comienza el artículo The Cleric Spoiling US plans que publica The New York Times este fin de semana. Puede parecer algo exagerado, pero es precisamente la posición de Sistani la que obligó a Paul Bremer a reunirse ayer en Nueva York con el secretario general de la ONU, Kofi Annan. Es también su exigencia de elecciones directas la que echó ayer a la calle a varios miles de personas en Bagdad. La manifestación no fue tanto una amenaza como un aviso a EEUU de que sus seguidores no se encuentran sólo en el hasta ahora pacífico sur de Irak.

Bremer ha intentado de todas las formas posibles convencer al ayatolá de que es imposible celebrar elecciones en los próximos seis meses. Como no ha podido reunirse con él (Sistani se niega a entablar contacto directo con norteamericanos), Bremer ha enviado en su lugar a los miembros del Consejo de Gobierno iraquí. Ninguno ha tenido éxito y la mayoría de los políticos shiíes que integran el consejo han dejado claro que no pueden enfrentarse al principal líder religioso de los shiíes iraquíes.

La última baza es la ONU. Alí Sistani ha dado a entender que se conformaría con elecciones indirectas, fuertemente influidas por los norteamericanos, si Naciones Unidas reconociera que no hay tiempo material para convocar elecciones. Un mensaje de este calibre no se puede entregar por carta. Se necesita una presencia sobre el terreno de funcionarios de la ONU que certifiquen este paso. La ONU, ninguneada por EEUU después de la guerra, se convierte paradójicamente en la última carta con la que cuenta Bush para comenzar el proceso de devolución de poder a los iraquíes, y poder hacerlo cuatro meses antes de las elecciones en su país.

Hasta ahora, Annan se ha mantenido alejado de cualquier decisión que diera a entender que la ONU está trabajando en colaboración con EEUU en la reconstrucción de Irak. La falta de seguridad en el país le permite no enviar a sus representantes, porque no quiere que corran la misma suerte que Sergio Vieira de Mello. Por encima de todo, no está dispuesto a que la presencia de Naciones Unidas legitime la ocupación norteamericana de Irak. Sabe que cuando en julio se devuelva el poder a los iraquíes, decenas de miles de soldados permanecerán en el país, esta vez en calidad de invitados. Cuando los marines se atrincheren en sus cuarteles, los grupos armados terminarán por elegir objetivos más asequibles, y Kofi Annan no quiere que su gente pase a engrosar esta lista.

Annan dijo ayer que espera que su organización juegue un papel importante a partir de julio para ayudar a los políticos iraquíes a redactar una nueva Constitución y preparar elecciones. Repito, a partir de julio. Lo más probable es que Annan termine por aceptar la petición de Bremer. Esa primera delegación de la ONU le permitirá entablar contactos con los nuevos dirigentes iraquíes, contactos que se puedan rentabilizar a partir de julio. Quizá para entonces, EEUU haya perdido algo de interés en Irak y no ponga tantos inconvenientes para que sea la ONU la principal interlocutora y asesora del primer Gobierno iraquí de la era post-Sadam.


El mundo, según George Bush


First, let me make it very clear, poor people aren’t necessarily killers. Just because you happen to be not rich doesn’t mean you’re willing to kill.
George Bush, Washington 19 de mayo de 2003.

18.1.04

Sean Penn vuelve a Irak

Sean Penn viajó a Irak antes de la guerra como una forma de manifestarse públicamente contra los planes de su Gobierno. Ahora ha vuelto allí, aunque sólo por unos días, para escribir dos artículos que se han publicado en el San Francisco Chronicle. El actor estuvo en Bagdad en diciembre justo antes de la detención de Sadam.

A pesar de su rotunda oposición a la invasión de Irak, el actor no ha escrito dos piezas propagandísticas. Tampoco se las da de experto en Oriente Medio ni da lecciones a los periodistas o a los soldados de su país. No es como Vargas Llosa que va por el mundo impartiendo lecciones de democracia.

El primer artículo, A year later, Sean Penn returns to Iraq and files a personal, candid report from the front, no es muy interesante. El segundo merece la pena: At war Sean Penn finds getting out of Iraq even tougher than getting in.
Ahí es donde cuenta su encuentro nocturno con unos supuestos mercenarios, es decir, empleados de compañías de seguridad privada contratadas por el Pentágono para adiestrar a la nueva policía iraquí y otros asuntos menos confesables. Se reúne con un líder tribal integrante del Consejo de Gobierno iraquí, que le explica las dificultades de una transición rápida a una democracia que los iraquíes nunca han conocido. Al día siguiente, el actor tiene una rara oportunidad que muchos periodistas hubieran deseado tener: volver a ver al que fue su minder en el viaje anterior a Irak (los minders eran los guías-vigilantes que el Gobierno asignaba a los periodistas para controlarles). Penn da por hecho que son estos funcionarios de nivel medio del partido Baas los que están alimentando la resistencia, así que no tiene muchas ganas de profundizar en la relación.

Sus dos artículos son dos ejemplos bastante honestos de turismo periodístico. Es cierto que no aportan grandes revelaciones, pero están bien escritos y demuestran que Penn fue allí más con intención de escuchar que de hablar. El director del Chronicle dice que le pagaron la tarifa habitual para los freelance, de 200 a 1.000 dólares (pero sin abonar los gastos del viaje), en función de su extensión.

17.1.04

Abdul Hai: el terrorista que nunca existió

Un pasajero de nombre sospechoso y nacionalidad afgana no se presentó en el vuelo para el que había comprado un billete y los aeropuertos de medio mundo se echaron a temblar. Ocurrió las pasadas Navidades. En medio de una creciente preocupación por la posibilidad de un atentado similar al del 11-S, varios vuelos transatlánticos fueron cancelados.

Hasta que el peligroso terrorista resultó ser un inocente comerciante indio de prendas de cuero.

La noticia fue suministrada por la agencia France-Presse y la historia completa se encuentra en el periódico indio The Hindu. La pifia de los servicios de inteligencia norteamericanos comenzó cuando descubrieron que Abdul Haye Mohamed Illyas no había aparecido en el vuelo de Air France París-Los Angeles del 24 de diciembre. Sus dos primeros nombres se parecían demasiado a los de Maulvi Abdul Hai, un afgano al que algunos medios identifican como miembro de Al Qaeda y otros como un antiguo dirigente talibán. Abdul Hai llegó a estar detenido en Afganistán, pero logró escapar y se le busca desde el 2002.

Al saltar la alarma, los agentes norteamericanos se pusieron en contacto con las fuerzas de seguridad indias que a las pocas horas confirmaron la identidad del misterioso viajero. Illyas resultó ser el propietario de una empresa de ropa de cuero que había visitado varias veces EEUU, precisamente utilizando ese vuelo París-Los Angeles. Los indios tenían su fecha de nacimiento, el 31 de enero de 1961, su número de pasaporte y su dirección. Por alguna razón desconocida, la información no tranquilizó a los norteamericanos, aunque éstos no pidieron al Gobierno que detuviera o al menos interrogara a Illyas.

El pánico volvió a saltar cuando Illyas, que se supone que no sabía el follón que estaba provocando su nombre, tampoco apareció en un vuelo del 7 de enero para el que también había hecho una reserva. The Hindu no se explica cómo pudo producirse tal conmoción:

No está claro cómo los nombres Abdul y Hai juntos provocaron una masiva alerta antiterrorista. Al buscar en los listines telefónicos con estos nombres y sus variantes fonéticas, se encontraron varias decenas de coincidencias. Además, el sentido comín sugiere que un alto dirigente talibán que consigue un pasaporte indio falso no colocaría en él su propio nombre.

Sugiero que el señor Abdul Haye Mohamed Illyas haga a partir de ahora sus negocios a través de Internet. Como se le ocurra coger un vuelo a EEUU, es fácil que acabe en una celda.

Receta contra la propaganda:
Para los paletos del eje de las Azores, una sugerencia. Si quieren conocer de verdad cómo funcionan los servicios de inteligencia norteamericanos, incluidos éxitos y fracasos, lean los artículos de Thomas Powers en The New York Review of Books. Por ejemplo,
The Trouble with the CIA y The Vanishing Case for War. En este último artículo, se detalla la manipulación de la información facilitada por los servicios de inteligencia para justificar la invasión de Irak.

15.1.04

Periodistas en guerra en Bagdad

El Ejército norteamericano no es la única institución de EEUU que lo está pasando mal en Irak. El mejor periódico del mundo está perdiendo la guerra en Bagdad.

Los problemas para The New York Times (¿qué otro periódico iba a ser?) comenzaron antes de la guerra. El periódico se alimentó de las exclusivas obtenidas por Judith Miller sobre el programa iraquí de armas de destrucción masiva. No se puede utilizar aquí el adjetivo “presunto”, porque Miller estaba convencida de que las armas existían. Pero tras la guerra se descubrió que algunas de las fuentes utilizadas por Miller no eran del todo independientes. En mayo, Miller y el jefe de la oficina del NYT en Irak, John Burns, se enfrentaron a cuenta de un artículo sobre Ahmed Chalabi, el polémico líder del exilio iraquí y el favorito del Pentágono para presidir el nuevo Irak. Se cruzaron los emails encendidos hasta que llegaron a las manos de The Washington Post. La respuesta de Miller dejó a su periódico en mal lugar:

“He cubierto las noticias de Chalabi en los últimos 10 años y he escrito la mayoría de las historias que ha publicado nuestro periódico. Él nos ha facilitado la mayoría de las exclusivas de primera página sobre las armas de destrucción masiva”.

Vaya, eso sí que era una noticia para los lectores del NYT. La principal fuente de Miller (desconocida hasta entonces) era el mismo político iraquí que estaba intentando convencer a los políticos norteamericanos para que acabaran con la dictadura de Sadam por el peligro que presentaban las armas que aún no han aparecido. ¿Conflicto de intereses?

Avanzamos la historia hasta diciembre del 2003 cuando el redactor jefe de Internacional del NYT se ve obligado a viajar a Bagdad para intentar pacificar la corresponsalía del periódico. La jefa de la delegación, Susan Sachs, que sólo lleva dos meses allí, está enfrentada con sus dos principales reporteros: John Burns, de nuevo en Bagdad, y Dexter Filkins, que había adquirido una cierta notoriedad al saberse que iba armado con una pistola al cubrir algunas noticias en lugares peligrosos. Según The New York Observer, se ha producido un choque de egos entre unos periodistas que soportan una gran tensión. Están obligados a ser mejores que la competencia, no pueden descuidar su seguridad y viven todos en la misma casa, nada lujosa, con pocas posibilidades de no verse las caras si la convivencia se deteriora. Una fuente del Times, citada por el Observer, dice que el puesto de Sachs es igual a “entrenar un equipo de fútbol de niños de 6 años. Todos van a por el balón”.
De momento, el conflicto se ha dilucidado con el regreso de Susan Sachs a EEUU y la poco habitual decisión del director de dejar vacante el puesto de jefe de delegación. Hay un editor coordinando el trabajo de todos los reporteros, pero éstos se han quedado sin jefe, algo que probablemente no lamentarán. Sobre todo, Burns, que fue el reportero del NYT que se quedó en Bagdad durante la guerra.

Según el Observer, el problema de fondo es que The Washington Post está derrotando al NYT en la cobertura de la postguerra iraquí. Cualquiera que lea los dos periódicos sabe que el Observer no anda muy descaminado. Si se quiere saber qué han encontrado los equipos militares y de la CIA en su búsqueda de las armas de destrucción masiva, hay que leer el Post. Si se quiere saber cómo están siendo las negociaciones entre el gobernador norteamericano Paul Bremer y los partidos políticos iraquíes para la transición, hay que leer el Post. Si se quiere saber si está teniendo o no éxito la guerra contra la guerrilla, hay que leer el Post (aunque en este punto, el marcador está mucho más igualado).

Sin embargo, no conviene borrar de Favoritos la dirección del NYT. John Burns ha publicado excelentes artículos, como ya lo hizo durante la guerra. Tiene una cierta habilidad para no repetir los lugares comunes a los que se aficionan los periodistas cuando están mucho tiempo en el mismo sitio cubriendo la misma noticia. Y para los que han tenido paciencia, este domingo el dominical del NYT ha sacado un excelente reportaje: Professor Nagl’s War. Lo ha escrito Peter Maas. Durante la guerra, Maas escribió "Good Kills", uno de los mejores reportajes que hayan salido de la pluma de los sobrevalorados embedded.

Ahora ha encontrado un buen personaje, el comandante John Nagl, una extraña mezcla de soldado y experto en relaciones internacionales, y ha escrito doce páginas que se leen sin una pausa. Nagl es un militar de los mejores de su promoción en West Point y que después amplió sus estudios, o los comenzó según se mire, en Oxford, combatió en la primera Guerra del Golfo y volvió a Oxford para hacer el doctorado. Su especialidad académica es la lucha contra la guerrilla, el análisis histórico de todas los conflictos bélicos en los que un Ejército regular ha tenido que afrontar una guerra de guerrillas. Desde Julio César hasta Vietnam, pasando por Lawrence de Arabia y Mao.

Ahora, Nagl está aplicando sus estudios académicos en el triángulo suní, en el corazón de la resistencia antiamericana. Para Peter Maas, no podía haber elegido mejor sitio:

“Para un estudiante de la guerra de guerrillas, ésta es la oportunidad de su vida. Es como un paleontólogo al que le dieran la oportunidad de volver en el tiempo y de caminar con los dinosaurios. Pero Nagl no puede pararse y tomar notas. Es responsable, junto al resto del batallón, de luchar contra los insurgentes, lo que es tan difícil como enseñar a un dinosaurio a bailar”.

Nagl no carece de humor negro. Un día, sus soldados estaban rodeados por una manifestación peligrosa. Se escuchaban disparos aislados y por un momento parecía que podían responder provocando un baño de sangre. Para reducir la tensión, Nagl se giró hacia el periodista y le preguntó: "¿Has visto Black Hawk Down?"
El artículo es algo más que el perfil de un militar. También es una reflexión sobre las posibilidades de éxito de un Ejército ante una fuerza insurgente. Y no son muchas, según Maas y Nagl, si su respuesta consiste en la aplicación de la fuerza bruta. Treinta años después de Vietnam, los norteamericanos vuelven a intentar ganarse los corazones y las mentes de la población local. Nagl está en ello.

14.1.04

Las culturas derrotadas, según Aznar

“No creo en la excepción cultural. No tengo miedo de la universalización y de la globalización. Los países europeos que no tienen culturas y lenguas expansivas son los que defienden la excepción cultural. Esta actitud es, de hecho, el refugio de las culturas que están siendo derrotadas y que están en retroceso. Y ése no es el problema de España”.
José María Aznar en Washington, según la transcripción de El Mundo.

Me pregunto cómo se mide la victoria o derrota de una cultura. Si la vara de medir es la cercanía al centro del imperio, ahí sí que vamos por delante de los franceses. Pero hay otros baremos que no pasan por las Azores.

Cuando un equipo de académicos árabes realizó un estudio crítico sobre el retraso del mundo árabe encargado por la ONU, uno de los asuntos analizados fue su aislamiento, su aparente falta de interés cultural por lo que se publica fuera de sus fronteras. El ejemplo concreto que se daba en el informe era demoledor: se traducen tantos libros en España como en todo el mundo árabe.

¿Se traducen más libros en España que en Francia?

13.1.04

Un blog puede llevarte a prisión (y salvarte) en Irán

Sina Motallebi corrió el mismo destino por el que han pasado muchos periodistas de Irán. Fue detenido por trabajar en publicaciones reformistas y acusado de actividades contra el Estado. Además, en su caso había un agravante: hace un año y medio comenzó a escribir un weblog personal. En los interrogatorios, le dijeron que pretendían convertirle en un ejemplo para otros bloggers. Así verían el precio que pagarían por sus comentarios.

Pero fue precisamente el blog el que le salvó.

En una entrevista aparecida en Online Journalism Review, Sina Motallebi cuenta que fue precisamente la movilización emprendida por los bloggers, iraníes y extranjeros, la que provocó su liberación tras 23 días en prisión:

La comunidad de bloggers se unió y me ayudó extendiendo la noticia (de la detención) por Internet. 4.000 personas firmaron un manifiesto en mi favor en una web. Y los medios de comunicación extranjeros cubrieron la historia y hubo presiones de otros países preocupados por los derechos humanos. Creo que ellos (sus captores) descubrieron que el coste de detenerme era mayor del que pensaban.

Antes de ser detenido, había sido llamado a comparecer en cinco ocasiones ante un tribunal. A la sexta, intuía que esta vez no volvería a casa. Por eso, colocó en el blog un post anunciando su más que probable detención. Lo hizo la noche anterior, y por la mañana, antes de dirigirse al tribunal, pudo leer los primeros comentarios al post. Y funcionó.

Creo que esa entrada me ayudó mucho, porque en los interrogatorios me decían que nadie sabía nada de mi situación. Y yo les dije, no, escribí algo de esto en mi página web. Ha sido la primera vez en que alguien ha visto las reacciones a su detención antes de ser realmente detenido.

Me hubiera gustado ver las caras de los sicarios que le estaban interrogando cuando vieron en Internet que el arresto secreto no lo era tanto.

Motallebi vive ahora exiliado en Holanda, pero muchos otros bloggers iraníes continúan posteando, eso sí de forma anónima. El artículo de OJR revela un panorama especialmente prometedor para los blogs en Irán. Hasta el vicepresidente de Irán cuenta con uno. Pero los grupos reformistas juegan una partida con las cartas marcadas. Lo han demostrado las instituciones más retrógradas del país al prohibir las candidaturas de miles de políticos reformistas. En las próximas semanas, habrá que estar muy atento a lo que dicen de este golpe de Estado encubierto los bloggers iraníes.

12.1.04

¿Qué está leyendo Ana Palacio?

¿Es bueno que los ministros lean libros? Siempre he pensado que sí, pero cuando me enteré que Aznar leía poesía ya no estaba tan seguro. Leo en El Mundo que Ana Palacio aprovechó el viaje a Irán e Irak para leer entre vuelo y vuelo un libro: “Lee y subraya un libro con mucha atención”, se dice. Siempre será mejor un libro que un informe del Ministerio, supongo aliviado, hasta que descubro quiénes son los autores del libro.

El nombre completo del libro es An End to Evil: How to Win the War on Terror. Sus autores son David Frum y Richard Perle. Frum fue asesor de Bush y redactor de algunos de sus discursos. En su libro The Right Man, contó que él fue el autor intelectual de la expresión eje del mal. Perle es uno de los intelectuales neoconservadores más influyentes (los llamados halcones) de la política norteamericana. Cuando era subsecretario de Defensa en la Administración Reagan recibió el apodo de “príncipe de las tinieblas” por su tenaz oposición a los acuerdos de desarme con la URSS.

Estos son los principales temas del libro que devoraba la ministra española de Exteriores, según la editorial que lo ha publicado:

“Por qué EEUU pone en riesgo su seguridad si entrega autoridad a la ONU.
Por qué Francia y Arabia Saudí deben ser tratados como adversarios, y no como aliados, en la guerra contra el terrorismo.
Por qué EEUU debe tomar medidas contra Irán, e inmediatamente.
Por qué todo lo que se escribe en los periódicos sobre el conflicto árabe-israelí está equivocado”.


Me pregunto cuál de todas estas ideas estaría subrayando la ministra “con mucha atención”. Y teniendo en cuenta las duras críticas que Richard Perle suele hacer al Departamento de Estado norteamericano (por no ser lo bastante agresivo en la lucha contra el terrorismo y por estar repleto de arabistas sospechosos), me imagino la cara que pondrá su amigo Colin Powell cuando Ana Palacio le comente lo que ha estado leyendo en uno de sus últimos viajes.

Si quieres saber más...
A Confident Prescription for Foiling Terrorists. Reseña del libro en The New York Times.
Breathlessly to victory. Reseña del libro en The Economist.

11.1.04

Palestina, 1948

El blogger israelí Not a Fish recomienda encarecidamente leer la entrevista al historiador Benny Morris aparecida hace unos días en el diario Haaretz. Léanla entera, dice, prepárense para un shock. Léanla con la mente abierta.

Benny Morris es uno de los denominados en Israel historiadores postsionistas: los historiadores que revisaron los primeros años de historia del Estado israelí y derrumbaron algunos de sus mitos fundacionales. Estos son algunos de los fragmentos de la entrevista, aunque, como dice Not a Fish, conviene leerla entera:

Pregunta: Benny Morris, el próximo mes aparecerá la nueva edición de su libro sobre el nacimiento del problema de los refugiados palestinos. ¿Quién quedará más satisfecho con el libro, los israelíes o los palestinos?
Respuesta: La edición revisada es un arma de doble filo. Se basa en muchos documentos a los que no tuve acceso al escribir el libro original, la mayor parte procedente de los archivos del Ejército israelí. Lo que demuestra este nuevo material es que hubo más matanzas israelíes de las que yo pensaba. Para mi sorpresa, también hubo muchos casos de violaciones. En abril y mayo de 1948, unidades del Haganah (la fuerza de defensa anterior a la fundación del Estado) recibieron órdenes que dejaban claro que tenían que expulsar a los habitantes de los pueblos (palestinos), expulsarlos y destruir los pueblos.
Al mismo tiempo, hubo una serie de órdenes del Alto Comité Arabe y de mandos intermedios palestinos para trasladar a los niños, mujeres y ancianos de los pueblos. Así que por un lado, el libro refuerza las acusaciones contra el bando sionista, pero por otro lado, prueba que muchos de los que huyeron de los pueblos, lo hicieron a instancias de los líderes palestinos.


Pregunta: Según sus descubrimientos, ¿cuántas matanzas israelíes hubo en 1948?
Respuesta: 24. En algunos casos, se ejecutaron a cuatro o cinco personas. En otros, los muertos fueron 70, 80, 100. (...) No fue algo casual. Fue sistemático. Varios oficiales que tomaron parte en la operación entendieron que la orden de expulsión que recibieron les permitía llegar hasta esos extremos para poder forzar a la población a que se echara a la carretera. El hecho es que nadie fue castigado por estos asesinatos. Ben-Gurion silenció el asunto. Encubrió a los oficiales que cometieron las matanzas.

Pregunta: Lo que cuenta es que en la operación Hiram hubo una orden explícita de expulsión. ¿Es así?
Respuesta: Sí. Una de las revelaciones del libro es que el 31 de octubre de 1948, el jefe del Frente Norte, Moshe Carmel, emitió una orden por escrito a sus unidades para que aceleraran la expulsión de la población árabe. Carmel tomó esta decisión tras una visita de Ben-Gurion al cuartel del Comando del Norte en Nazareth. No tengo dudas de que esta orden partió de Ben-Gurion. Es igual que en la orden de expulsión de la ciudad de Lod, que fue firmada por Isaac Rabin inmediatamente después de la visita de Ben-Gurion al cuartel general de la Operación Dani.

Al leer esto, uno se pregunta si Benny Morris está denunciando estas matanzas. Ante la sorpresa del periodista (Haaretz es el periódico de la izquierda israelí y partidario de la existencia de un Estado para los palestinos), Morris justifica las decisiones de Ben-Gurion:

Él comprendió que no podría haber un Estado judío con una gran y hostil minoría árabe dentro. No existiría tal Estado. No hubiera podido existir. (...)
Existen circunstancias en la historia que justifican la limpieza étnica. Sé que ese término es completamente negativo en el discurso político del siglo XXI, pero si hay que elegir entre la limpieza étnica y el genocidio, la aniquilación de tu pueblo, yo prefiero la limpieza étnica.


Muchos israelíes se habrán escandalizado al leer esta entrevista. De seguro, los votantes de Sharon estarán entre ellos, pero resulta que Benny Morris comparte muchas de sus ideas: por ejemplo, está convencido de que es imposible firmar la paz con los palestinos, al menos en esta generación. Los atentados suicidas de los últimos tres años le han convencido de ello:

Los atentados contra autobuses y restaurantes realmente me impactaron. Me hicieron comprender la profundidad del odio que sienten por nosotros. Me hicieron comprender que la hostilidad palestina, árabe y musulmana hacia la existencia de los judíos nos está llevando al borde de la destrucción. No creo que los atentados suicidas sean actos aislados. Expresan la voluntad del pueblo palestino. Eso es lo que quieren la mayoría de los palestinos. Quieren que lo que le sucede al autobús nos suceda a todos nosotros.

Para la derecha israelí, lo que cuenta Morris sobre las atrocidades cometidas en el nacimiento del Estado es una blasfemia. Durante décadas, han negado que existiera tal pecado original. Para la izquierda israelí, la justificación de la limpieza étnica es otra blasfemia. Quizá Morris está sencillamente loco o quizá piensa que alguien tiene que contar las verdades que sus compatriotas no quieren escuchar. En ambos lados.

9.1.04

Couso en Counterpunch



La web de la revista Counterpunch, digna representante de la izquierda norteamericana, publicó ayer un artículo sobre el ataque al Hotel Palestina y la muerte de Couso. The death of José Couso in Baghdad comienza con dos citas:

"I think war is a dangerous place, and I think that nobody would kill a journalist intentionally." George W. Bush

"The death of José Couso was a premeditated crime, an attack on journalists to prevent us from telling the story of something the US has tried to hide from the start of the war: the slaughter of civilians."
Mónica G. Prieto, Baghdad correspondent for the Spanish newspaper El Mundo.


En realidad, estos dos testimonios, como casi toda la información que aparece en el artículo, provienen del reportaje “Hotel Palestina” emitido por Telecinco el pasado 8 de octubre. De hecho, el autor del artículo vive en Madrid y supongo que lo vio en su momento. Pero lo importante en este caso no son las cuestiones de copyright, sino que la historia de la muerte de Couso no se olvide fuera de España.

Los medios de comunicación norteamericanos recuerdan constantemente el alto precio que los periodistas pagaron durante la guerra (14 muertos en 21 días de combates, siete de ellos víctimas de disparos norteamericanos), aunque casi siempre de forma genérica. Pocos cuestionan el comportamiento de sus soldados, en el caso del ataque al hotel Palestina.

Dentro de unos días, Reporteros sin Fronteras harán publico el resultado de la investigación que han llevado a cabo sobre ese ataque. El autor de las pesquisas ha sido el periodista francés Jean Paul Mari, de la revista Le Nouvel Observatour. Mari estaba en el Palestina el 8 de abril, y unas semanas después de la guerra llegó a entrevistar al capitán Philip Wolford, el jefe de la compañía de tanques que atacó el hotel. El testimonio de Wolford apareció en un artículo titulado C’est moi qui ai donné l’ordre de tirer.

La guerra de la Fox

Al igual que en Europa, y con más razón, la guerra de Irak hizo crecer las audiencias de los informativos de TV y de las cadenas de noticias. Y de entre éstas últimas, la cadena más favorecida por el público fue aquella que con más entusiasmo se unió a la campaña bélica: la Fox. No sólo fue la primera en el 2003, sino que aumentó la diferencia con sus perseguidoras.

2002/2003
Fox 667.000 espectadores / 1.023.000 (+53%)
CNN 536.000 espectadores / 665.000 (+24%)
MSNBC 263.000 espectadores / 320.000 (+22%)

Los datos se refieren a la media diaria de espectadores. En el horario de máxima audiencia, de 8 a 11 de la noche, la diferencia es mayor.

2002/2003
Fox 1.179.000 espectadores / 1.706.000 (+45%)
CNN 898.000 espectadores / 1.095.000 (+22%)
MSNBC 360.000 espectadores / 443.000 (+23%)

A los espectadores norteamericanos les gustó el tono nacionalista y decididamente proBush de la Fox. Aunque su eslogan, permanentemente ridiculizado por los grupos progresistas, dice que la cadena es fair and balanced (justa e imparcial), la Fox no esconde su inclinación a la derecha y su forma agresiva y sin complejos de defender las ideas conservadoras.

Todavía recuerdo un directo dentro de Irak de uno de sus reporteros embedded, que comenzaba con elogios a la compañía fabricante del helicóptero en el que habían volado. El reportero no era otro que Oliver North, un tipo con un curriculum que no se suele encontrar en las redacciones. North, ex teniente coronel de marines y alto cargo del Consejo de Seguridad Nacional en la era de Reagan, fue uno de los responsables de la ayuda militar a la contra nicaragüense y fue condenado por mentir en su testimonio ante el Congreso al declarar sobre el escándalo Irancontra.

Espero que ningún lector español se sienta escandalizado. En España, algunos periodistas también se pusieron el casco y se envolvieron con la bandera tras la toma de Perejil. Y eso que sólo era una isla y los policías marroquíes no tenían armas químicas. Eso sí, las cabras tenían un aspecto peligroso.

8.1.04

El caso egipcio

La noticia de la liberación del periodista marroquí Alí Lmrabet no puede hacernos olvidar la lamentable situación de los derechos humanos en el mundo árabe. Y no es necesario irse a países como Irán o Siria, habituales en las listas de la vergüenza hechas públicas por Amnistía Internacional, para encontrar casos de flagrantes violaciones de los derechos políticos. El mismo día en que Lmrabet salía de prisión, The Washington Post publicaba un esclarecedor artículo sobre Egipto. Lo más alarmante es que tanto Marruecos como Egipto son regímenes considerados moderados, aliados de EEUU y Europa y receptores de millonarias sumas de ayuda.

Egypt muzzles calls for democracy revela que el Gobierno de Mubarak utiliza la represión tanto contra los grupos islamistas como contra las organizaciones de derechos humanos:

Fuentes norteamericanas insisten en que aprecian cambios lentos pero positivos en la situación de los derechos humanos (en Egipto). Pero los grupos pro derechos, los políticos de la oposición y los analistas entrevistados describen un panorama más oscuro: el de un Gobierno autoritario que aprieta o alivia los instrumentos de la represión en función de las amenazas que percibe, que está obsesionado con la oposición islamista, que se siente acosado por los grupos de derechos humanos y que mantiene un poderoso aparato de seguridad que funciona bajo permanentes leyes de emergencia y que a menudo trata con brutalidad a los opositores.

EEUU entrega cada año 2.000 millones de dólares a Egipto. Fundaciones públicas americanas ayudan por su parte a los grupos egipcios de derechos humanos. Pero a Mubarak no le gusta esta ayuda y por eso prohíbe a los receptores de las subvenciones que las retiren del banco si no cuentan con permiso del Ministerio de Asuntos Sociales. Uno de estos grupos tiene 40.000 dólares en una cuenta corriente procedentes del National Endowment for Democracy. Llevan seis meses esperando en vano a recibir la aprobación oficial. Si se les ocurre retirar el dinero, es probable que acaben en prisión. Para Mubarak, el dinero americano es bueno para algunas cosas (para financiar al Ejército o la Policía, por ejemplo), pero no para otras.

Los Gobiernos árabes, sean dictaduras o dictablandas, no hacen más que quejarse de la ocupación americana de Irak, de la falta de una solución justa para el problema palestino o de la equiparación de Islam con terrorismo tan extendida en el mundo occidental. Sus quejas tienen muy poca credibilidad. Viven a espaldas de las necesidades de sus ciudadanos y castigan con la cárcel cualquier tipo de oposición, violenta o pacífica, islamista o laica. Siempre habrá grupos minoritarios violentos y fanáticos, pero lo verdaderamente preocupante es que cada vez sean más los árabes que piensen que la violencia terrorista es la única manera de responder a la violencia del Estado.

7.1.04

Alí Lmrabet, en libertad



El periodista marroquí Alí Lmrabet ya está en la calle. Esta tarde, siete periodistas, entre ellos Lmrabet, han sido indultados por el rey Mohamed VI. La agencia Efe informa que el motivo del perdón es "la constitución de la instancia Equidad y Justicia, destinada a cerrar definitivamente por vía extrajudicial los casos de desapariciones y detenciones arbitrarias durante el periodo comprendido entre 1960 y 1990, bajo el reinado de Hassan II".

Condenado hace ocho meses a tres años de cárcel por supuestas injurias al Rey, la salud de Lmrabet se había visto seriamente dañada por una huelga de hambre que mantenía desde hace varias semanas. Cuando ha salido de prisión esta tarde, el periodista se ha mostrado tan combativo como siempre. La cárcel no ha conseguido acabar con él. "La prisión no puede romper a un hombre libre", ha dicho a las personas que le esperaban. Ha gritado "viva la libertad" y ha agradecido el apoyo que ha recibido de los periodistas españoles. Más de 800 personas, la mayoría en España, habían firmado ya un manifiesto en el que se pedía su liberación.

Pero, como ha recordado el presidente de la sección española de Reporteros sin Fronteras, ahora está por ver si Lmrabet "va a poder trabajar en libertad en Marruecos, o se trata de un gesto y debe irse de allí".

Porque está claro que Alí Lmrabet sale a la calle para lanzar otra publicación y seguir defiendo la causa de la libertad de expresión en Marruecos.

Sobre Arcadi Espada y BHL

Otro periodista se ha unido a la blogosfera. Arcadi Espada comenzó a postear el pasado día uno y ya ha dejado algunas reflexiones interesantes. Ha incluido la imagen de dos de sus libros. Entre ellos está "Diarios", que no leí y del que recibí vibraciones negativas de personas que sí lo hicieron. El que no aparece es "Raval", un libro que recomiendo tan calurosamente que hasta creo que debería pasar por las manos de todos los periodistas, en especial de los que están empezando. Si encima lo leen y descubren las similitudes del caso que se denuncia con tantas situaciones que se viven en las redacciones casi todos los días, ya sería la bomba.

Una de sus primeras intervenciones ha sido a cuenta del libro del filósofo francés Bernard-Henri Levy sobre el secuestro y asesinato del periodista norteamericano Daniel Pearl en Karachi por un grupo integrista. Debo reconocer que aún no he leído el libro y que se me quitaron las ganas cuando pasé por la reseña publicada por The New York Review of Books.

El periodista William Dalrymple elogia al filósofo, conocido en Francia también por sus iniciales BHL, por denunciar la incuestionable complicidad de los servicios de inteligencia paquistaníes con los grupos integristas aliados de los talibanes y responsables de un elevado número de asesinatos, incluido el de Pearl. Pero, por encima de todo, cuestiona la tendencia de Levy a la fabulación, su profunda ignorancia de la realidad de Pakistán y su gusto por pintarse a sí mismo como un valiente cruzado de la verdad.

Mi párrafo favorito (por letal) es:
"Most ludicrous of all is the self-portrait of the aspiring James Bond figure BHL draws of himself as he casts himself as the hero of his own spy story: "I reactivate the old networks from my earlier investigations," he tells us portentously at one point. He changes hotels every night, pretends he is writing a novel as a "cover," and believes he is being constantly followed. At times this farce comes close to being an Inspector Clouseau, like parody of Gallic self-importance, and it is difficult to read some of Lévy's observations without hearing an echo of Peter Sellers: "Everywhere I go, I feel he has been, and yet I find no trace of him. With every step I sense his presence, but it is as insubstantial as shadows." At this point, you half expect Clouseau's Chinese manservant, Kato, to jump out of a Karachi cupboard and practice his martial arts on the fearless Lévy".
Está claro que reseñas como ésta no suelen aparecer en los periódicos españoles.

6.1.04

Sospechosos habituales

Los soldados norteamericanos en Irak parecen tener a los periodistas de la agencia Reuters en el punto de mira. Un grupo de tres reporteros iraquíes de Reuters fueron detenidos el viernes cuando estaban tomando imágenes del lugar en el que había sido derribado un helicóptero americano. Lo más grave del incidente no fue la detención, sino el hecho de que los soldados dispararon contra los periodistas. Y no es menos alarmante la versión presentada por un portavoz militar para justificar el ataque y la detención posterior:

Los soldados que estaban vigilando el lugar del accidente del helicóptero fueron atacados por personal enemigo que aparentaban ser periodistas, vestidos con chalecos antibalas negros y la señal de prensa escrita en sus ropas. Los enemigos dispararon contra las fuerzas americanas con armas ligeras y lanzagranadas.

No son palabras de cualquier soldado, sino del general Mark Kimmitt, el principal portavoz de las fuerzas norteamericanas en Irak.

Los periodistas no adoptaron una actitud más sospechosa que la habitual en cualquier reportero. Sacaron la cámara, la colocaron sobre un trípode y comenzaron a tomar imágenes. Cuando comenzaron a dispararles, no se quedaron a intentar aclarar la confusión, algo muy comprensible, sino que subieron al coche y escaparon. Fueron detenidos más tarde.

Dos días después, los tres periodistas han sido puestos en libertad. Por lo visto, ya no son peligrosos terroristas. Si hubieran muerto en el incidente, evidentemente el error no podría haberse corregido. No es la primera vez que soldados norteamericanos disparan contra un periodista de Reuters. En agosto, el cámara Mazen Dana cayó abatido cuando tomaba imágenes de la salida de un convoy militar de la mayor prisión de Bagdad. Los militares dijeron que habían confundido la cámara de Dana con un lanzagranadas.

Por cierto, resulta curioso el titularelegido el viernes por la web de El Mundo para dar la noticia:

El Ejército de EEUU detiene a tres empleados de Reuters en Faluya y alega que son insurgentes

Parece que el hecho de que los detenidos fueran iraquíes hizo que perdieran la categoría de periodistas para pasar a ser simplemente empleados. Puede que hoy ya la hayan recuperado.

5.1.04

Periodistas armados

Dexter Filkins es un ciudadano norteamericano cuyo trabajo le obliga a viajar por las carreteras de Irak, incluidos algunos de los sitios más peligrosos del país. En sus desplazamientos, Filkins va armado con una pistola. No es algo que deba sorprender demasiado, a menos que comentemos que Dexter Filkins es periodista, uno de los corresponsales en Irak de The New York Times.

Should journalists in war zones carry weapons? se pregunta The Wall Street Journal en un artículo en el que se discuten las medidas de seguridad de los periodistas en Irak. El caso de Filkins es singular, deben ser realmente muy pocos los reporteros que llevan armas. Sí son muchos los periodistas norteamericanos, en especial de TV, que hacen su trabajo protegidos por guardaespaldas armados, la mayoría de ellos ex soldados.

La guerra de Irak ha supuesto una cierta pérdida de la tradicional inocencia con la que los periodistas trabajan en las zonas de guerra. Quizá no sea inocencia, ni tampoco arrogancia, pero hasta ahora los periodistas han trabajado con la sensación de que su seguridad está garantizada, hasta cierto punto, por su condición de no combatientes. Los reporteros no deberían llevar armas, dice el Committee to Protect Journalists, y deben ser conscientes de que al emplear protección armada “pueden poner en peligro su estatus como observadores neutrales”.

A principios de noviembre, asistí junto a otros periodistas de Telecinco a un congreso en Hungría, al que asistieron medios de comunicación de Europa y EEUU, en el que se debatió la cobertura de la guerra de Irak. La discusión más extensa y polémica fue precisamente la dedicada al uso de guardaespaldas por las TV americanas. El director general de CNN International, Chris Cramer, defendió esta postura con el argumento de que los periodistas se han convertido en objetivos legítimos para los grupos armados iraquíes: “Algunas facciones nos consideran una extensión del poder del Estado. Y los periodistas somos increíblemente inocentes respecto a esta amenaza. Pensamos que por ser periodistas, somos intocables”.

Consideraciones políticas aparte, es cierto que hay un factor económico que debe alertar a los periodistas. Cramer lo resumió en la frase “somos cajeros automáticos andantes”. La gran cantidad de dinero que los equipos de periodistas de TV suelen llevar encima los convierte en un buen objetivo para los ladrones. Esto es así en la carretera que va de Ammán a Bagdad. Muchos periodistas han sido víctimas de robos en esa carretera, pero ninguno ha sufrido ningún daño físico.

Casi todos los periodistas europeos presentes en el congreso criticaron el uso de guardaespaldas. Todos piensan que esta medida sienta un peligroso precedente y aumenta las posibilidades de que los reporteros sean considerados combatientes. Un periodista de la BBC preguntó a los americanos qué pasará la próxima vez cuando los ladrones sepan que los periodistas van armados. Evidentemente, todo el mundo daba por hecho que los ladrones dispararían antes de preguntar. Otro periodista británico recordó que ha habido al menos dos incidentes en los que los escoltas han sido los primeros en abrir fuego.

Los periodistas norteamericanos no olvidan el secuestro y asesinato del corresponsal en Pakistán de The Wall Street Journal Daniel Pearl. Pero llevar un arma no le hubiera salvado la vida. Quizá la idea más clara en contra de su uso para reporteros la dé el jefe de la oficina de The Washington Post en Bagdad, que no tiene dudas: “Si crees que necesitas un arma para cubrir una historia, entonces no deberías hacerla”.

Los periodistas tienen la obligación de permanecer vivos por razones obvias. Y además, no deben olvidar que si matan a un reportero extranjero es probable que muchos medios decidan retirar a su gente, y esa guerra quedará sin cobertura de medios occidentales.

Pero la experiencia y la sabia elección de conductores y traductores locales, de los lugares que se pueden visitar y de las horas en que se puede estar en un sitio y no en otro, no pueden ser sustituidas por una pistola cargada. “La mayoría de los periodistas que conozco ni siquiera tienen buena letra, así que no me puedo imaginar que sean buenos tiradores”, dice un periodista citado en el artículo del Wall Street Journal. Y no puedo estar más de acuerdo.

(Más comentarios de periodistas norteamericanos sobre el uso de armas en Irak en el foro del Instituto Poynter).

2.1.04

Nochevieja en Bagdad

La mayoría de los habitantes de Bagdad decidió celebrar la Nochevieja en sus casas por temor a atentados y la inseguridad que viven sus calles. En realidad, no es una fiesta que se celebre de forma masiva en las sociedades musulmanas, pero en Irak donde existe, o quizá existía, una amplia clase media de ideas laicas, sí que suele ser motivo de celebraciones. El atentado sufrido por el restaurante Nabil en el que murieron ocho personas (tres periodistas de Los Angeles Times resultaron heridos) demuestra que los temores no estaban infundados.

El restaurante era frecuentado por extranjeros, periodistas o funcionarios de la CPA (el organismo norteamericano que gobierna el país) y servía bebidas alcohólicas. Si fue elegido por lo primero, sería un atentado contra intereses occidentales, como los muchos que ya ha habido en Bagdad. Si se trataba de lo segundo, nos encontraríamos ante un hecho menos conocido: los ataques por grupos shiíes radicales contra lugares considerados inmorales.

El blogger iraquí autor de Healing Iraq comentaba en su post del 1 de enero el caso de un hombre asesinado en Basora el día de Nochebuena. Su delito fue vender alcohol:

“He leído en los periódicos el relato del asesinato de Bashir Thomas Elías, un iraquí cristiano propietario de una tienda de licores en Basora. Era Nochebuena. Volvía a casa para celebrarla con su familia cuando alguien le disparó en la cabeza y se alejó ante la mirada de la gente”.

“Antes de la guerra había 200 tiendas con licencia para vender alcohol en Basora, hoy no hay ninguna y estuvimos allí para comprobarlo. La mayoría de estas tiendas ha sufrido saqueos y incendios durante los últimos meses, y el resto ha sido obligado a cerrar con amenazas de muerte por los radicales y los grupos extremistas shiíes, como Hizb Alá (El Partido de Dios), Intiqam Alá (La Venganza de Dios) y Munadamat Qawa’id Al Islam. Estos grupos son poderosos e influyentes en Basora e incluso tienen representantes en los consejos municipales. Faisal Abdulla, líder de uno de estos grupos, declaró que Dios recompensará a los virtuosos que busquen el shahada (el martirio) en la lucha contra el vicio, pero describió las ejecuciones sumarias de iraquíes cristianos como “una conducta inaceptable”.

1.1.04

El fantasma de Vietnam

Diez meses después del presunto fin de la guerra de Irak, abundan en la prensa norteamericana las comparaciones entre los conflictos bélicos de Irak y Vietnam. Uno de los últimos artículos aparecidos se titula Iraq isn’t Vietnam, but they rhyme y lo ha escrito en The Washington Post Robert Kaiser, un periodista que cubrió la guerra del sureste asiático entre 1969 y 1970.

Kaiser plantea similitudes y diferencias entre ambos escenarios, las primeras tienden a ser de tipo político y las segundas tienen que ver con los aspectos propiamente militares. En cuanto al número de bajas, dice que en los primeros 10 meses de guerra en Irak, EEUU ha perdido 471 soldados. En Vietnam murieron casi 2.000 en los 10 meses posteriores a la llegada de las tropas de combate.

Lo que me ha llamado la atención es, en la línea del titular del artículo, cómo riman las declaraciones de los presidentes.

George Bush, en agosto del 2003:
"Nuestros militares se están enfrentando a los terroristas en Irak y Afganistán y en otros lugares para que nuestro pueblo no tenga que enfrentarse a la violencia terrorista en Nueva York, San Luis o Los Angeles".

Lyndon Johnson, en 1966:
"Si no paramos a los rojos en Vietnam del Sur, mañana estarán en Hawai, y a la semana siguiente estarán en San Francisco".

La Historia: instrucciones de uso

El foro de discusión entre bitácoras puesto en marcha por Dialbig ha propuesto como tema la pregunta ¿Es objetiva la historia? Una respuesta rápida consiste en decir que la historia es tan objetiva como puedan serlo los seres humanos cuando echan la mirada atrás. Como esto no nos lleva a ninguna parte, será mejor que examinemos algunos de las principales aplicaciones de la historia:

La historia es un arma (de destrucción masiva). Sirve para provocar el racismo, para alentar el exterminio de un pueblo, para hacer que los hutus masacren a machetazos a los tutsis. El nazismo utilizó su visión mesiánica y depravada de la historia para convencer a los alemanes de que tenían que aniquilar a los judíos si querían prosperar como nación. La historia es tan dúctil que incluso sirve para convertir las derrotas en victorias: por eso, los nacionalistas serbios celebran la fecha de una derrota de 1389, la batalla de Gazimestan, en Kósovo, cuando las tropas otomanas aniquilaron a la aristocracia medieval serbia.

La historia se reescribe constantemente. Se actualiza para corregir las mentiras, y también para eliminar valores anacrónicos, políticamente incorrectos o simplemente ofensivos. El descubrimiento/invasión de América pasa a convertirse en el encuentro (para los graciosos, el encontronazo), con la intención de que al menos el eufemismo haga fortuna en los medios progubernamentales. También se pueden reescribir las imágenes de la historia, como bien sabía el departamento de revelado de fotografías del Partido Comunista de la URSS

La historia es una losa o un alimento imposible de digerir. Por eso, Churchill decía que los Balcanes producían más historia de la que podían consumir.

Los documentos escritos son la materia prima de la historia. Eso les convierte en uno de los botines de guerra de menor valor económico, pero de mayor importancia política. Cuando Hulagu, nieto de Genghis Khan, saqueó Bagdad en 1258, los iraquíes cuentan que el agua del Tigris cambió de color dos veces. Primero, se puso roja por la sangre de los miles de asesinados por los mongoles. Luego, se puso negra por la tinta de los libros arrojados al agua, los libros de las mayores bibliotecas del mundo en esa época. Con las banderas, es mejor conservarlas que destruirlas. Robar una bandera o estandarte al enemigo en el campo de batalla sirve para desmoralizar al adversario y hacerle ver que la resistencia es inútil. Cuando se guarda en un museo, es una forma de robarle la historia al enemigo, o al menos de condicionarla (no olvides que una vez te vencimos).

La historia tiende a perdonar a los asesinos si tienen un final glorioso. Tras la Primera Guerra Mundial, EEUU no quería procesar al kaiser Guillermo por crímenes de guerra. El presidente Wilson recordaba el caso del rey inglés Carlos I, derrocado y decapitado por la revolución de Cronwell: "Carlos I fue un personaje despreciable y el mayor mentiroso de la historia", dijo Wilson, "pero su ejecución fue celebrada con poemas y le transformó en un mártir".

La historia la escriben los vencedores. Pero pasado un tiempo, los vencedores tienden a relajarse y las víctimas sacan la cabeza. Durante décadas, los alemanes han considerado tabú hablar sobre los sufrimientos de su población civil durante la Seguda Guerra Mundial. Ahora comienzan a interesarse abiertamente por la tragedia, ante el escándalo de muchos compatriotas, que piensan que no se puede borrar así el pecado original del Holocausto.

La historia se repite. Tras la Primera Guerra Mundial, un alto cargo británico dijo sobre Irak: "Lo que queremos es algún tipo de Administración con instituciones árabes que podamos dejar allí mientras seguimos tirando de los hilos, algo que no nos cueste demasiado dinero, pero que permita tener asegurados nuestros intereses políticos y económicos".

Arnold Wilson, comisionado civil británico en Irak, definía así la revuelta de las tribus árabes contra la potencia ocupante: "Nos enfrentamos a la anarquía y al fanatismo. Hay poco o nada de nacionalismo en la rebelión".