14.12.03

El fin de Sadam



Han pasado poco más de ocho meses desde que Bagdad cayera en manos del Ejército norteamericano pero ha sido hoy cuando EEUU ha podido cantar victoria. La detención de Sadam pone fin en cierto modo a una guerra cuyo desenlace estaba aún por escribir. Sadam Hussein está ya encerrado, y al menos podemos suponer que estará recibiendo mejor trato que el que dispensaba a los enemigos de su régimen.

Para todos aquellos iraquíes que sufrieron lo indecible a lo largo de su dictadura, debe de ser una satisfacción verle envejecido, sucio y derrotado. Antes de que cada uno piense cómo influirá su detención en el futuro de la ocupación norteamericana de Irak y en los ataques de la resistencia, no estaría de más preguntarse: ¿No sería maravilloso que todos los dictadores acabaran así, escondidos en un agujero, en silencio para no ser capturados y sentados sobre una pila de billetes porque sólo con dinero pueden aspirar a vivir un día más?
Que cada uno haga su lista negra de dictadores aborrecibles y que se los imagine con el mismo aspecto que Sadam.

En la rueda de prensa en la que ha anunciado su captura, el virrey Bremer ha tenido el detalle juicioso de no adoptar la misma postura arrogante típica de George Bush. No ha advertido a los miembros de la resistencia que tendrán el mismo final que Sadam, no ha prometido que los encontrarán aunque se escondan en el centro de la Tierra, y otras tonterías similares que se suelen decir en estos casos. La chulería ha dejado paso a un llamamiento a la reconciliación: "Con la detención de Sadam Hussein, existe una nueva oportunidad para los miembros del antiguo régimen, sean militares o civiles, para que pongan fin a su amarga oposición. Dejémosles que se acerquen en un espíritu de reconciliación y esperanza, que entreguen las armas y que se unan a sus compatriotas en la tarea de reconstruir el nuevo Irak".

Bonitas palabras, pero está por ver que la detención de Sadam vaya a pacificar Irak. Lo mismo se dijo tras la muerte de sus hijos, y los ataques continuaron. Las características del escondite del dictador, un pequeño agujero, casi un zulo, hacen pensar que Sadam no estaba en condiciones de dirigir ningún grupo armado.

La incapacidad de los americanos de detenerlo hasta ahora pudo haber servido de inspiración a sus seguidores y quizá algunos de ellos piensen ahora que su lucha está condenada al fracaso. Sin embargo, hay muchos miembros de la resistencia que no deben nada a Sadam. Y en cualquier caso, su lucha no es por la vuelta de un régimen que ya es historia, sino contra la ocupación.

Aún es pronto para saber si el fin de Sadam supondrá también el fin de la guerra.