24.11.03

Líderes tuertos

Ariel Sharon ha anunciado que está preparando un plan de paz por si fracasa la hoja de ruta que él mismo ha dejado agonizar. ¿Se ha convertido a la causa de la paz? No, tan sólo ha leído las últimas encuestas. Su popularidad está en el punto más bajo desde que llegó al poder en marzo del 2001. Según una encuesta del diario Maariv del 7 de noviembre, el 57% de los israelíes valora negativamente su gestión, frente a un 34% de opiniones positivas.
Los gobernantes del otro lado tampoco sienten el calor de sus ciudadanos, como demuestra la última encuesta del instituto (Jerusalem Media and Communication Center) al que hay que seguir si se quieren conocer las tendencias políticas de la sociedad palestina.
El sondeo, con fecha de octubre, no es demoledor para Arafat, pero deja claro que los palestinos han perdido la fe casi inquebrantable que tenían en sus dirigentes. El 48,6% rechaza la gestión de Arafat, mientras que el 47,2% la aprueba. Otros datos son aún más negativos. Sólo un 26% de los encuestados elige a Arafat como su político preferido. El resto se reparte entre muchos candidatos (el segundo es Ahmed Yassin, fundador de Hamás, con un 11%) y el porcentaje mayor se lo lleva el desencanto: un 27% no confía en ningún político palestino.
El dato no debe sorprender. Arafat se ha pasado años impidiendo que surgiera un líder que pudiera hacerle sombra. Ahora no tiene nadie en quien pueda apoyarse, ni nadie que pueda ser una alternativa para el futuro.
Israelíes y palestinos tienen algo en común: ambos necesitan desesperadamente líderes que les ofrezcan soluciones, que les cuenten la verdad y que firmen acuerdos que estén dispuestos a cumplir. De momento, tendrán que seguir soñando.