20.11.03

Estrechamente vigilados

Los “minders” han vuelto a Bagdad. No, no se trata de los vigilantes que el Ministerio de Información asignaba para vigilar a los periodistas en los tiempos de Sadam. Esta vez, el control, algo más sutil, proviene de los nuevos dueños del país. Los periodistas norteamericanos llevan tiempo quejándose de los obstáculos que colocan a su paso los dirigentes de la CPA, siglas en inglés de la Autoridad Provisional de la Coalición. En cristiano, los gobernantes americanos de Irak.
Los hospitales y los depósitos de cadáveres se han convertido en zonas vetadas a los periodistas, a menos que vayan acompañados por un funcionario de la CPA. El acceso a las comisarías de la policía iraquí también está vetado. Convencidos de que a la prensa sólo le interesan los atentados y la situación de inseguridad, la CPA quiere tenerlos alejados de estos lugares.
Todo esto forma parte de la guerra fría que mantiene la Casa Blanca contra los periodistas de su país. Les acusa de no estar reflejando los progresos de la reconstrucción del país. Y los chicos de la prensa, que sólo buscan noticias, piensan de forma inocente que no pueden estar todos los días contando que los hospitales y las escuelas siguen abiertos. Sobre todo cuando casi cada día un soldado americano es introducido dentro de una bolsa para cadáveres.
Son aún más graves los incidentes protagonizados por soldados. A fin de cuentas, un censor, por molesto que sea, no suele ir armado. Varias agencias, como Associated Press (AP) y Reuters, han denunciado que sus fotógrafos y cámaras de TV han sido detenidos en varios incidentes. Un fotógrafo vio cómo destruían sus carretes cuando estaba trabajando en el lugar en el que fue derribado el helicóptero Chinook.
El Consejo de Directivos de la agencia AP, que agrupa a 1.700 publicaciones de EEUU y Canadá, ha enviado una carta al Pentágono en la que exigen que se ponga fin a este acoso a la prensa: “Durante los últimos tres meses, los periodistas han sido acosados, se ha puesto sus vidas en peligro y han visto confiscados sus cámaras, cintas y otros materiales de trabajo”.
El jefe de la oficina de Washington de la cadena ABC ha dicho que nunca existieron estos problemas cuando había centenares de periodistas incrustados en las unidades militares durante la guerra. Ha sugerido que quizá todo se deba a que la misión es diferente y que los nuevos soldados que llegan a Irak no reciben las órdenes apropiadas.
Cuánta inocencia. Quizá el Pentágono no esté ya tan interesado en la presencia de periodistas en Irak. No es lo mismo informar sobre el imparable avance de las tropas que sobre el lento goteo de soldados muertos. Quizá los periodistas americanos no sepan apreciar la diferencia. El Pentágono, evidentemente sí.