14.11.03

Enganchados al opio afgano

La normalidad ha vuelto a Afganistán. Se espera que la producción de opio de este año alcance las 3.960 toneladas. El comercio de la materia prima con la que se hace la heroína llegará hasta los 2.300 millones de dólares. Una cantidad respetable, sobre todo si tenemos en cuenta que supone cerca de la mitad del Producto Nacional Bruto de Afganistán. Los datos provienen del último informe del Departamento de Drogas y Crimen de Naciones Unidas. “El país se encuentra ante una encrucijada: o se toman medidas quirúrgicas para controlar la producción de opio o el cáncer de la droga se extenderá y se convertirá en corrupción, violencia y terrorismo", ha dicho Antonio Maria Costa, director ejecutivo de esta agencia de la ONU.
Al igual que en América Latina, es difícil luchar contra un cultivo que se ha convertido en la única esperanza para miles de agricultores. Uno de ellos explicaba hace unos días a un periodista del Washington Post por qué le resulta tan rentable cultivar opio: plantar trigo en su pequeña explotación le da unos beneficios por cosecha de 70 dólares, con los que ni siquiera tiene para pagar el fertilizante. Plantar opio le garantiza unos beneficios de más de 1.200 dólares. Hagan cuentas.
¿Han saltado las alarmas al conocerse estos datos? En absoluto. El Gobierno de Karzai se muestra impotente para frenar el tráfico. Estados Unidos no puede embarcarse en una cruzada antidroga como la de Colombia, porque necesita el apoyo de los caudillos afganos que se financian con el opio. Todo tiene lugar en la frontera, el tráfico de droga y la lucha contra los talibanes y Al Qaeda, y las prioridades están claras.
Algunos lo llamarán doble moral, pero más parece un caso de doble contabilidad.