18.11.03

El ayatolá gana el primer asalto

La Casa Blanca ha anunciado hace unos días que entregará el poder a un Gobierno iraquí (cuya elección aún no está clara) en junio del próximo año. Los comicios para elegir a una Asamblea Constituyente se celebrarían en marzo del 2005. Tras la redacción de la Constitución, el Gobierno definitivo se formaría a finales del 2005.
La mayoría de los medios de comunicación han justificado este paso atrás de Bush con la ola de atentados que sufren los soldados norteamericanos. Pocos han destacado que se trata de una gran victoria del gran ayatolá Alí Sistani, el líder religioso más respetado de la comunidad shií. Desde hace meses, los colaboradores de Sistani (él nunca habla con norteamericanos) han dejado claro al virrey Bremer que no permitirían que un consejo elegido a dedo redactara una nueva Constitución. Sólo podrían hacerlo los representantes electos del pueblo. Pero los americanos temían que unas elecciones libres entregarán el poder de diseñar la futura sociedad iraquí a los shiíes (que son cerca del 60%). El fantasma de una república islámica se alzaría sobre los intereses de kurdos y sunníes, a los que se les supone unas creencias religiosas más moderadas.
“No hay ninguna garantía de que una convención (elegida por EEUU) redactara una Constitución que respetara los intereses del pueblo iraquí y expresara su identidad nacional, fundada en el Islam”, dijo Sistani en julio en un edicto religioso. Bremer pensaba que no podía entregar el poder a un Gobierno iraquí antes de que hubiera redactada una Constitución que marcara las reglas del juego político. Lo que no decía es que Estados Unidos podía influir en ese debate y vetar lo que no le gustara del proyecto constitucional mientras mantuviera las riendas del poder. Por muchos soldados que permanezcan en el país, no estará en condiciones de hacer lo mismo si los autores han sido elegidos por sufragio universal.
Alí Sistani ha ganado el primer asalto. Veremos quién gana el segundo. Quizá veamos en unos meses cómo se adelanta la fecha de las elecciones. Todo con tal de que el gran ayatolá no se enfurezca y emita una fatwa (decreto religioso) en el que pida la salida de las tropas extranjeras. Si lo hace, será mejor que los soldados españoles hagan rápidamente las maletas.