15.11.03

Con licencia para exagerar

¡Ah, los intelectuales franceses! No sólo tienen el derecho de pontificar sobre el futuro del mundo, sino que parece que tienen la obligación de hacerlo. Bernard Henry Levy es el nombre que nos viene a todos a la cabeza, porque nunca decepciona. Su último impulso, un análisis del secuestro y asesinato en Karachi del periodista de The Wall Street Journal Daniel Pearl, ha originado en Francia la polémica de costumbre, pero al menos nadie puede decir que lo hizo desde la tranquilidad de su casa. Levy viajó a Pakistán y EEUU para documentarse para su libro.
Otros intelectuales no se arriesgan a envenenarse con la comida de avión. "El nuevo desorden mundial" es la última obra de Tzvetan Todorov, nacido en Bulgaria y residente en París desde 1963. Su autor dice, en una entrevista en Babelia, que es una reflexión nacida de la urgencia. Quiere denunciar el curso que toma el mundo desde la invasión de Irak, promovida por una Administración norteamericana a la que califica de neofundamentalista por actuar "en nombre de conceptos absolutos que quieren imponer a todos".
Hasta ahí todo bien, o no, dependiendo de las ideas de cada uno. Lo que no puede hacer Todorov es basarse en hechos discutibles o simplemente falsos. Es cierto que el precio de liberar a los iraquíes de la dictadura de Sadam está siendo altísimo. Y si Todorov pasa a justificar esta idea en la entrevista, se le debe exigir el mismo respeto por los hechos que a un periodista y a un político. "Hoy en Irak se vive peor, la gente muere, carece de electricidad y agua, y si bien no puede decirse que la culpa sea del Ejército americano, sí lo es de la intervención", explica Todorov en la entrevista.
Maldita realidad que se atreve a contradecir a los filósofos. En agosto se recuperó el nivel de producción de electricidad anterior a la guerra, y gracias a eso comenzaron a funcionar otra vez las plantas potabilizadoras de agua. Quizá sea sólo un dato. Si pensamos en las preocupaciones cotidianas de los iraquíes, aquéllas con las que se puede definir que la vida es un infierno o no, es un dato bastante relevante.
Otros hechos de la vida en Irak continúan siendo pavorosos. En Bagdad la tasa de homicidios es de 140 muertes por cada 100.000 personas, tres veces más que en Washington, una de las ciudades más violentas de EEUU. La realidad se compone de un millar de datos como éstos, y nunca se tiene una información actualizada de ellos. Cuando los periodistas se afanan por conseguirlos, como han hecho en Bagdad con el asunto del consumo de electricidad, los filósofos tienen la obligación de estar enterados.
Incluso si son franceses.