12.11.03

Bremer pierde la paciencia

“En nombre de toda la gente honesta de este querido país, a todos los débiles agentes que han vendido su conciencia a los americanos y a los judíos, os lo advertimos por última vez. Tened cuidado y vigilad lo que hacéis. Estáis luchando contra Dios, su profeta y sus fieles. Ha llegado el momento de acabar con vosotros”.
Ésta es la nota que el coronel Mohamed Hashem Rahma se encontró pegada a la puerta de su casa en octubre. Sólo tres días después de que un coche bomba estallara frente a la comisaría que dirige Rahma, en el barrio de Judra, en Bagdad. Murieron 13 personas.
El virrey americano en Irak acaba de viajar a Washington en una visita inesperada para entrevistarse con Bush. A la salida, Paul Bremer ha repetido el mensaje de costumbre: estamos trabajando para devolver lo antes posible el poder a los iraquíes. Se supone que están pensando en iraquíes como el coronel Rahma, pero quizá ya sea demasiado tarde. Para cuando Bremer se decida, Rahma puede estar muerto o bien su prestigio acabado por colaborar con los militares norteamericanos. Según The Washington Post, sus agentes no tienen armas suficientes ni coches ni chalecos antibalas. ¿Cómo van a poder hacer entonces el trabajo que 120.000 soldados norteamericanos fuertemente armados se han mostrado incapaces de hacer?
Los funcionarios de la Casa Blanca y del Pentágono se quejan, off de record desde luego, de la pasividad e ineficacia del Consejo de Gobierno Iraquí. Se ha dicho que Bremer está a punto de disolverlo por su incompetencia y su falta de legitimidad. Pero fueron ellos, los norteamericanos, los que prefirieron no convocar elecciones, por miedo a que las ganaran con facilidad los shiíes, que son casi el 60% de los iraquíes. Fueron ellos los que disolvieron el Ejército iraquí, dominado por los suníes, y que podía ser un contrapeso a un hipotético Gobierno controlado por los shiíes. Y fueron ellos los que eligieron a un Consejo de Gobierno que no puede gobernar, porque se trata de un miniparlamento en el que están todas las etnias y grupos políticos del país y que sólo puede funcionar por consenso.
Bremer marcó las reglas del juego y ahora dice que no funcionan. Seguro que el coronel Rahma no tiene la culpa.