29.11.03

Ahora empieza lo peor

La guerra de la postguerra se ha cobrado por primera vez un precio terrible entre las fuerzas españolas desplegadas en Irak. Siete agentes de los servicios de inteligencia han muerto esta tarde en una emboscada a unos 30 kilómetros al sur de Bagdad. La primera consecuencia que se puede extraer de esta matanza es que ninguno de los países que ocupan territorio iraquí puede considerarse a salvo de un ataque de estas características.
Los soldados españoles tienen suerte con la zona que les asignaron. La mayoría de los líderes shiíes del sur de Irak no han reaccionado aún con hostilidad a la presencia extranjera. No lo han hecho porque son pacientes y porque no confían demasiado en el Consejo de Gobierno Iraquí nombrado por los norteamericanos. Pero cuando se produzca el relevo formal en el poder, se supone que dentro de unos seis meses, es posible que esa paciencia se acabe y esos mismos líderes políticos y religiosos anuncien a los extranjeros que ha llegado el momento de volver a sus países.
Hasta entonces, soldados y espías españoles no están ni mucho menos a salvo. En las últimas semanas, las fuerzas americanas han llevado a cabo una operación contra las fuerzas de la guerrilla que operan en el centro del país. Cuanto más fuerte sea esa presión militar, más ataques se producirán en otras zonas de Irak. El aumento de emboscadas en el norte, cerca de Mosul, es una buena muestra de este desplazamiento del ámbito de actuación de la resistencia.
Los militares americanos y europeos se encuentran atrapados por una terrible paradoja. Si se quedan escondidos en sus instalaciones, les será imposible colaborar en la reconstrucción del país o simplemente enterarse de lo que ocurre. Si dan prioridad a su seguridad, no podrán cumplir la misión que tienen encomendada.
Según ha anunciado el ministro de Defensa, cuatro de los agentes de la CNI iban a dar el relevo a sus compañeros. Probablemente, estaban enseñándoles la zona por donde se tienen que desplazar camino de la base española en Diwaniya o bien poniéndoles en contacto con sus confidentes. Se trataba en ese caso de una misión casi rutinaria, habitual entre los miembros de los servicios de espionaje.
Pero no hay nada rutinario en Irak. Ocho occidentales viajando en dos vehículos del tipo 4x4 difícilmente pueden pasar desapercibidos en zonas de Irak en las que muy pocos iraquíes se pueden permitir comprar vehículos de este tipo. Algunos civiles norteamericanos que trabajan en las empresas contratadas por el Pentágono han optado por dejarse crecer la barba y viajar en destartalados coches iraquíes. No es una medida infalible. Cualquier militar o agente de los países aliados de EEUU sabe que su vida está en peligro cuando viaja por las carreteras de Irak.
¿Quién está detrás del asesinato de los agentes españoles? Cualquier respuesta a esta pregunta sólo puede consistir en una serie de deducciones o incluso especulaciones. El régimen de Sadam no gozaba de tanto apoyo popular como para que haya surgido de su seno un movimiento de resistencia popular. El jefe de las fuerzas militares norteamericanas, el teniente general Ricardo Sánchez, ha dicho hoy mismo que no tienen ninguna prueba que demuestre que Al Qaeda está operando en Irak. Los generales que vigilan las fronteras del país niegan que haya habido una infiltración masiva de grupos radicales desde Siria, Jordania o Irán.
Quizá la respuesta apropiada sea la más simple. Siempre que una fuerza militar extranjera ocupa un país provoca la reacción de aquellos que ven pisoteada su dignidad, su honor nacional o sus intereses. Sobre todo, si ese país tiene una larga historia de ocupaciones.
Irak no va a ser una excepción. Los únicos sorprendidos son aquellos que no conocen la historia de Oriente Medio.