29.11.03

Ahora empieza lo peor

La guerra de la postguerra se ha cobrado por primera vez un precio terrible entre las fuerzas españolas desplegadas en Irak. Siete agentes de los servicios de inteligencia han muerto esta tarde en una emboscada a unos 30 kilómetros al sur de Bagdad. La primera consecuencia que se puede extraer de esta matanza es que ninguno de los países que ocupan territorio iraquí puede considerarse a salvo de un ataque de estas características.
Los soldados españoles tienen suerte con la zona que les asignaron. La mayoría de los líderes shiíes del sur de Irak no han reaccionado aún con hostilidad a la presencia extranjera. No lo han hecho porque son pacientes y porque no confían demasiado en el Consejo de Gobierno Iraquí nombrado por los norteamericanos. Pero cuando se produzca el relevo formal en el poder, se supone que dentro de unos seis meses, es posible que esa paciencia se acabe y esos mismos líderes políticos y religiosos anuncien a los extranjeros que ha llegado el momento de volver a sus países.
Hasta entonces, soldados y espías españoles no están ni mucho menos a salvo. En las últimas semanas, las fuerzas americanas han llevado a cabo una operación contra las fuerzas de la guerrilla que operan en el centro del país. Cuanto más fuerte sea esa presión militar, más ataques se producirán en otras zonas de Irak. El aumento de emboscadas en el norte, cerca de Mosul, es una buena muestra de este desplazamiento del ámbito de actuación de la resistencia.
Los militares americanos y europeos se encuentran atrapados por una terrible paradoja. Si se quedan escondidos en sus instalaciones, les será imposible colaborar en la reconstrucción del país o simplemente enterarse de lo que ocurre. Si dan prioridad a su seguridad, no podrán cumplir la misión que tienen encomendada.
Según ha anunciado el ministro de Defensa, cuatro de los agentes de la CNI iban a dar el relevo a sus compañeros. Probablemente, estaban enseñándoles la zona por donde se tienen que desplazar camino de la base española en Diwaniya o bien poniéndoles en contacto con sus confidentes. Se trataba en ese caso de una misión casi rutinaria, habitual entre los miembros de los servicios de espionaje.
Pero no hay nada rutinario en Irak. Ocho occidentales viajando en dos vehículos del tipo 4x4 difícilmente pueden pasar desapercibidos en zonas de Irak en las que muy pocos iraquíes se pueden permitir comprar vehículos de este tipo. Algunos civiles norteamericanos que trabajan en las empresas contratadas por el Pentágono han optado por dejarse crecer la barba y viajar en destartalados coches iraquíes. No es una medida infalible. Cualquier militar o agente de los países aliados de EEUU sabe que su vida está en peligro cuando viaja por las carreteras de Irak.
¿Quién está detrás del asesinato de los agentes españoles? Cualquier respuesta a esta pregunta sólo puede consistir en una serie de deducciones o incluso especulaciones. El régimen de Sadam no gozaba de tanto apoyo popular como para que haya surgido de su seno un movimiento de resistencia popular. El jefe de las fuerzas militares norteamericanas, el teniente general Ricardo Sánchez, ha dicho hoy mismo que no tienen ninguna prueba que demuestre que Al Qaeda está operando en Irak. Los generales que vigilan las fronteras del país niegan que haya habido una infiltración masiva de grupos radicales desde Siria, Jordania o Irán.
Quizá la respuesta apropiada sea la más simple. Siempre que una fuerza militar extranjera ocupa un país provoca la reacción de aquellos que ven pisoteada su dignidad, su honor nacional o sus intereses. Sobre todo, si ese país tiene una larga historia de ocupaciones.
Irak no va a ser una excepción. Los únicos sorprendidos son aquellos que no conocen la historia de Oriente Medio.

28.11.03

Bigmouth strikes again 2

Aquí tenemos un bigmouth colectivo a cuenta de Ahmed Chalabi, miembro del Consejo de Gobierno Iraquí y más conocido como el candidato del Pentágono para ocupar la presidencia de Irak. En un reciente perfil de The Washington Post, queda clara la controversia que desata en EEUU este empresario.
John McCain, senador republicano: Es un patriota que trabaja en favor de los intereses de su país.
Pat Lang, ex jefe de antiterrorismo de la Agencia de Inteligencia de Defensa (siglas en inglés, DIA): Es un fraude, uno de los mayores fraudes que se le han hecho al pueblo americano.
Ken Pollack, ex alto cargo de la Administración Clinton: A diferencia de muchos dirigentes de la oposición iraquí, hace lo que dice que va a hacer.
Bob Baer, ex agente de la CIA: Si abandonáramos Irak, no duraría ni dos horas. No puede ser presidente. Sólo es un niño rico.

Pero lo mejor sobre este hombre, amigo personal de los halcones del Pentágono, es lo que dice el embajador jordano en EEUU. Karim Kawar está convencido de que tuvo algo que ver con el atentado con coche bomba contra la embajada de Jordania en Bagdad, en el que murieron 17 personas. Tenemos razones para creer que estuvo implicado, dice Kawar, nuestros servicios de inteligencia nos han contado que lo han relacionado con el atentado.

Apoyado por el Pentágono y despreciado por la CIA y por el Departamento de Estado. Y eso que aún no le han pedido su opinión a los iraquíes.

27.11.03

Hipócritas

El ministro francés del Interior es un personaje difícil de clasificar. Llegó al Gobierno enarbolando una política de mano dura contra la delincuencia que asustó a la izquierda y que parecía tener a los inmigrantes en su punto de mira. Sin embargo, cuando ha surgido con fuerza el debate sobre la presencia de la religión (islámica) en la vida pública francesa, ha demostrado que en Francia es la izquierda la que representa la misma intransigencia e ignorancia que en EEUU es patrimonio de la derecha ultraconservadora.
Hace unos días, según cuenta el corresponsal de El País en Francia, se celebró un debate entre Sarzoky y el líder de los socialistas, François Hollande. El ministro defendió la idea de la discriminación positiva en favor de las minorías con el nombramiento de un delegado provincial del Gobierno de religión musulmana. Anatema, respondió Hollande, la República (gobernada obviamente por europeos, blancos y cristianos desde hace siglos) debe garantizar la igualdad de oportunidades a todos los ciudadanos.
¿Es verdad que el Estado francés cumple tan elevado compromiso? ¿Los chicos y chicas inmigrantes de las barriadas de París y Marsella tienen las mismas oportunidades que los jóvenes de tez más blanca? ¿Están de broma? La hipocresía de este mensaje, que suele acompañarse de lamentos del tipo tenemos que seguir trabajando en ello, no se hace lo suficiente..., es tan evidente que hasta un ministro del Interior puede desenmascararla con facilidad. El sistema francés de integración es un fracaso total y absoluto, respondió el provocador Sarzoky.
Dentro de unos años, tendremos que hacernos la misma pregunta en España. Es probable que los inmigrantes sean el 10% de la población y que muchos de ellos sean de origen marroquí. ¿Dónde estarán los jueces musulmanes, los periodistas musulmanes o los policías musulmanes? ¿Podremos sustituir su experiencia personal con el paternalismo de los blancos que dicen comprender y conocer las necesidades de estas personas?
No sé si eso nos convertirá en una sociedad multicultural, palabra que suscita el rechazo de los conservadores, algunos de ellos procedentes de la izquierda. Lo que sí sé es que integración no es sinónimo de asimilación. Y eso vale también para los símbolos no religiosos, como el pañuelo en la cabeza (que algunos se empeñan en llamar velo). Muchas musulmanas son obligadas a cubrirse el pelo, lo que convierte al pañuelo en un símbolo de discriminación. Otras muchas musulmanas lo llevan libremente, pero los talibanes laicos de Europa se niegan a que salgan de sus casas y asistan a una escuela, una universidad o formen parte de un jurado.
¿Igualdad de oportunidades? Venga a Europa, pague impuestos, ayúdenos a sufragar el sistema de pensiones, pero no se le ocurra defender sus valores culturales. Esa es nuestra idea de la igualdad de oportunidades.

26.11.03

El coronel pierde los nervios

El coronel Joe Anderson es el militar norteamericano que está al mando de la zona del norte de Irak que incluye la ciudad de Mosul.
Hasta hace unas semanas, este lugar era casi una bendición para sus soldados. Había muy pocos atentados y sus programas en favor de la reconstrucción del país estaban siendo mucho más eficaces que en Bagdad. Pero las emboscadas han aumentado y el coronel Anderson ha perdido los nervios. Esto es lo que le contaba hace unos días a un reportero de Los Angeles Times:

Los iraquíes no comprenden las buenas maneras. Hemos pasado mucho tiempo trabajando con guante de seda, pero el iraquí medio te dice: Lo único que aquí respeta la gente es la violencia, sólo se enteran cuando les disparan, cuando les matan, ésa es su cultura. Ya se ha acabado lo de los chicos buenos.

Querido coronel Anderson:
Debe ser duro ver desfilar los ataúdes de tus hombres o empezar a repartir condecoraciones a los que han quedado mutilados. No te preparan en las academicas militares para algo así. Sobre todo, cuando llegaste a creer que se consiguen más cosas ofreciendo la mano que el cañón de un fusil. Sin embargo, será mejor que se controle. Porque eso es precisamente lo que pretenden los autores de las emboscadas. Cualquier Ejército cabreado y con un inmenso poder de fuego termina por no distinguir entre amigos, enemigos e indiferentes.
Y, por cierto, en Irak ya saben cómo funcionan los chicos malos. De hecho, tienen una amplísima experiencia en ese apartado, que se remonta a varias décadas atrás. Pero habíamos invadido ese país precisamente para poner fin a todo eso, ¿no?

24.11.03

Líderes tuertos

Ariel Sharon ha anunciado que está preparando un plan de paz por si fracasa la hoja de ruta que él mismo ha dejado agonizar. ¿Se ha convertido a la causa de la paz? No, tan sólo ha leído las últimas encuestas. Su popularidad está en el punto más bajo desde que llegó al poder en marzo del 2001. Según una encuesta del diario Maariv del 7 de noviembre, el 57% de los israelíes valora negativamente su gestión, frente a un 34% de opiniones positivas.
Los gobernantes del otro lado tampoco sienten el calor de sus ciudadanos, como demuestra la última encuesta del instituto (Jerusalem Media and Communication Center) al que hay que seguir si se quieren conocer las tendencias políticas de la sociedad palestina.
El sondeo, con fecha de octubre, no es demoledor para Arafat, pero deja claro que los palestinos han perdido la fe casi inquebrantable que tenían en sus dirigentes. El 48,6% rechaza la gestión de Arafat, mientras que el 47,2% la aprueba. Otros datos son aún más negativos. Sólo un 26% de los encuestados elige a Arafat como su político preferido. El resto se reparte entre muchos candidatos (el segundo es Ahmed Yassin, fundador de Hamás, con un 11%) y el porcentaje mayor se lo lleva el desencanto: un 27% no confía en ningún político palestino.
El dato no debe sorprender. Arafat se ha pasado años impidiendo que surgiera un líder que pudiera hacerle sombra. Ahora no tiene nadie en quien pueda apoyarse, ni nadie que pueda ser una alternativa para el futuro.
Israelíes y palestinos tienen algo en común: ambos necesitan desesperadamente líderes que les ofrezcan soluciones, que les cuenten la verdad y que firmen acuerdos que estén dispuestos a cumplir. De momento, tendrán que seguir soñando.

22.11.03

Bigmouth strikes again

Utilicemos el título de una excelente canción de los Smiths para inaugurar una sección sobre los despropósitos que salen de los labios de algunos de los personajes en cuyas manos está el destino del mundo.
No, no vamos a empezar con Ana Palacio. Vamos a intentar poner el listón un poco más alto. Escuchemos a Tony Blair en la conferencia de prensa con la que se puso fin a la visita de Bush a Londres:
“Nos quedaremos hasta terminar el trabajo”.
Me temo que se refiere a Irak. ¿No será mejor que sean los iraquíes los que terminen el trabajo?

Donde más duele

¿Cómo se mide el éxito de una estrategia terrorista? ¿Por el número de muertos o atentados? ¿Por el impacto emocional que origina en la población? ¿Por la respuesta que provoca en las fuerzas policiales y militares? Intuir la respuesta a estas preguntas arrojaría algo de luz sobre la valoración de los atentados de Estambul. Para el tema que nos ocupa, tanto da que los suicidas pertenecieran a Al Qaeda o a esos grupos satélites inspirados por el mensaje de Osama bin Laden.
Frente al mensaje de que los terroristas atacan donde y cuando pueden (un recurso que sirve para liberarse de la funesta manía de pensar), está la idea de que estos grupos tienden a elegir aquellos lugares que más convienen a sus objetivos. Y Turquía presenta para ellos una serie de oportunidades que no pueden dejar de desaprovechar.
Turquía no es Afganistán ni ha fracasado como Estado. No está en ninguna lista de países condenados a desmoronarse. Es el único país musulmán miembro de la OTAN. Aspira a formar parte de la Unión Europea y para ello ha comenzado, lentamente, a llevar a cabo unas reformas que hagan olvidar su oscuro pasado represor de los kurdos. La Constitución y el Ejército garantizan el fracaso de cualquier tentativa integrista, pero los uniformados parecen estar aprendiendo a convivir con un Gobierno islamista moderado. Tan moderado que reclama para sí la etiqueta de conservador, una bandera con la que se han puesto en marcha muy pocas revoluciones.
Centenares de miles de turistas europeos votan cada año con sus pasaportes para demostrar su confianza en Turquía. En cierto modo, ese país demuestra que el anunciado choque de civilizaciones puede ser sólo una quimera, a menos que pongamos todos los medios para hacerlo posible.
La fortaleza de Turquía es quizá su debilidad. Es un ejemplo muy reciente de que el Islam y la democracia no son conceptos incompatibles, de que los partidos islamistas no están condenados a la clandestinidad, incluso a pesar de la hostilidad que despiertan entre los militares turcos. Esta fortaleza es un insulto para Al Qaeda y le recuerda cada día de que su mensaje de sangre no es el único posible para regenerar un mundo islámico corrompido, no por la religión, sino por la violación de los derechos humanos y la miseria económica.
Habrá más atentados en Turquía protagonizados por turcos adeptos a la mentalidad nihilista de Al Qaeda. Las escenas de destrucción serán terribles y algunos periódicos europeos como El Mundo se ocuparán de poner fotos espantosas en primera página para hacernos creer que Estambul es igual que Bagdad o que Jerusalén o que Riad. La imagen será real porque habrá ocurrido, pero será falsa.
O no lo será si el Ejército turco desentierra su política represora de los años ochenta, desbanca a los islamistas del poder y da la razón con su respuesta a una minoría convencida que la guerra es la única solución.
Pero eso aún no ha ocurrido. Si ocurre, sí tendremos razones para estar muy preocupados.

20.11.03

Pueden respirar tranquilos

Aquellos que temen que Irak se convierta en una dictadura teocrática cuando EEUU retire a sus soldados pueden respirar aliviados. Al menos de momento. El principal líder religioso de los shiíes, el gran ayatolá Alí Sistani, ha concedido unas declaraciones, algo muy poco habitual, al periódico Iraq Today para despejar esos temores.
Sistani ha dicho que los líderes religiosos no deben inmiscuirse en la política. Su obligación consiste en guiar sus conciencias y alertarles del peligro que supone desviarse de los principios del Islam. Para los que piensen que éste es un mandato demasiado ambiguo, Sistani deja claro que los religiosos deben dejar a los musulmanes que decidan por sí mismos. Si les imparten órdenes políticas o los utilizan para sus próximos intereses, perderían su condición de hombres religiosos.
Nada más lejos de lo que ocurre en la vecina Irán. En especial, si no olvidamos que Sistani insiste en que los autores de la futura Constitución del país deberían ser designados en unas elecciones, y no elegidos a dedo por los americanos o los partidos presentes en el Consejo de Gobierno Iraquí. Hasta ahora, el virrey Bremer se ha resistido a aceptar la idea de la elección de una asamblea constituyente. Esperemos que a diferencia de Bush, que afirma que no lee la prensa, Bremer le haya echado un vistazo a los periódicos iraquíes.
Siempre es mejor leer la opinión de un ayatolá en una entrevista que en una fatwa (edicto religioso). Cuando optan por lo primero, sólo están mostrando su opinión. Si prefieren la fatwa, es porque están dando órdenes.

Estrechamente vigilados

Los “minders” han vuelto a Bagdad. No, no se trata de los vigilantes que el Ministerio de Información asignaba para vigilar a los periodistas en los tiempos de Sadam. Esta vez, el control, algo más sutil, proviene de los nuevos dueños del país. Los periodistas norteamericanos llevan tiempo quejándose de los obstáculos que colocan a su paso los dirigentes de la CPA, siglas en inglés de la Autoridad Provisional de la Coalición. En cristiano, los gobernantes americanos de Irak.
Los hospitales y los depósitos de cadáveres se han convertido en zonas vetadas a los periodistas, a menos que vayan acompañados por un funcionario de la CPA. El acceso a las comisarías de la policía iraquí también está vetado. Convencidos de que a la prensa sólo le interesan los atentados y la situación de inseguridad, la CPA quiere tenerlos alejados de estos lugares.
Todo esto forma parte de la guerra fría que mantiene la Casa Blanca contra los periodistas de su país. Les acusa de no estar reflejando los progresos de la reconstrucción del país. Y los chicos de la prensa, que sólo buscan noticias, piensan de forma inocente que no pueden estar todos los días contando que los hospitales y las escuelas siguen abiertos. Sobre todo cuando casi cada día un soldado americano es introducido dentro de una bolsa para cadáveres.
Son aún más graves los incidentes protagonizados por soldados. A fin de cuentas, un censor, por molesto que sea, no suele ir armado. Varias agencias, como Associated Press (AP) y Reuters, han denunciado que sus fotógrafos y cámaras de TV han sido detenidos en varios incidentes. Un fotógrafo vio cómo destruían sus carretes cuando estaba trabajando en el lugar en el que fue derribado el helicóptero Chinook.
El Consejo de Directivos de la agencia AP, que agrupa a 1.700 publicaciones de EEUU y Canadá, ha enviado una carta al Pentágono en la que exigen que se ponga fin a este acoso a la prensa: “Durante los últimos tres meses, los periodistas han sido acosados, se ha puesto sus vidas en peligro y han visto confiscados sus cámaras, cintas y otros materiales de trabajo”.
El jefe de la oficina de Washington de la cadena ABC ha dicho que nunca existieron estos problemas cuando había centenares de periodistas incrustados en las unidades militares durante la guerra. Ha sugerido que quizá todo se deba a que la misión es diferente y que los nuevos soldados que llegan a Irak no reciben las órdenes apropiadas.
Cuánta inocencia. Quizá el Pentágono no esté ya tan interesado en la presencia de periodistas en Irak. No es lo mismo informar sobre el imparable avance de las tropas que sobre el lento goteo de soldados muertos. Quizá los periodistas americanos no sepan apreciar la diferencia. El Pentágono, evidentemente sí.

18.11.03

El ayatolá gana el primer asalto

La Casa Blanca ha anunciado hace unos días que entregará el poder a un Gobierno iraquí (cuya elección aún no está clara) en junio del próximo año. Los comicios para elegir a una Asamblea Constituyente se celebrarían en marzo del 2005. Tras la redacción de la Constitución, el Gobierno definitivo se formaría a finales del 2005.
La mayoría de los medios de comunicación han justificado este paso atrás de Bush con la ola de atentados que sufren los soldados norteamericanos. Pocos han destacado que se trata de una gran victoria del gran ayatolá Alí Sistani, el líder religioso más respetado de la comunidad shií. Desde hace meses, los colaboradores de Sistani (él nunca habla con norteamericanos) han dejado claro al virrey Bremer que no permitirían que un consejo elegido a dedo redactara una nueva Constitución. Sólo podrían hacerlo los representantes electos del pueblo. Pero los americanos temían que unas elecciones libres entregarán el poder de diseñar la futura sociedad iraquí a los shiíes (que son cerca del 60%). El fantasma de una república islámica se alzaría sobre los intereses de kurdos y sunníes, a los que se les supone unas creencias religiosas más moderadas.
“No hay ninguna garantía de que una convención (elegida por EEUU) redactara una Constitución que respetara los intereses del pueblo iraquí y expresara su identidad nacional, fundada en el Islam”, dijo Sistani en julio en un edicto religioso. Bremer pensaba que no podía entregar el poder a un Gobierno iraquí antes de que hubiera redactada una Constitución que marcara las reglas del juego político. Lo que no decía es que Estados Unidos podía influir en ese debate y vetar lo que no le gustara del proyecto constitucional mientras mantuviera las riendas del poder. Por muchos soldados que permanezcan en el país, no estará en condiciones de hacer lo mismo si los autores han sido elegidos por sufragio universal.
Alí Sistani ha ganado el primer asalto. Veremos quién gana el segundo. Quizá veamos en unos meses cómo se adelanta la fecha de las elecciones. Todo con tal de que el gran ayatolá no se enfurezca y emita una fatwa (decreto religioso) en el que pida la salida de las tropas extranjeras. Si lo hace, será mejor que los soldados españoles hagan rápidamente las maletas.

17.11.03

En Argentina se acuerdan de Carlos

La batalla de los reporteros españoles de guerra contra el despido por Antena 3 de Carlos Hernández ha llegado a América Latina. Gustavo Sierrra, periodista de Clarín, ha publicado un artículo ("Más reporteros caen por la guerra en Irak") en el que se ha unido a la protesta. Sierra relaciona el despido de Carlos con los problemas que están teniendo algunos periodistas italianos de la RAI. El reportero de Clarín pasó la guerra en Bagdad y fue testigo del ataque norteamericano al Hotel Palestina.

Victoria a toda costa

La Casa Blanca ya tiene una estrategia para huir de Irak. Sus soldados no se irán mañana ni el próximo mes, pero la cuenta atrás ya ha empezado a funcionar. En junio del 2004, la autoridad pasará a manos del Consejo de Gobierno Iraquí. La ocupación como tal habrá terminado entonces. Se supone que un número importante de soldados americanos permanecerá en Irak, esta vez como invitados del Gobierno de Bagdad. ¿Cuántos? Quizá tantos como para que los iraquíes tengan la sensación de que les están apuntando con un fusil.
¿Ha renunciado Bush a implantar por las buenas o las malas la democracia en la tierra que nunca conoció un dulce tan exquisito? Eso parece. Por si tenía alguna duda, debió desaparecer el viernes 14 de noviembre, cuando recibió en la Casa Blanca a los autores de una encuesta preparada por la universidad de Duke y financiada por Carnegie Corporation. El sondeo llega a la conclusión de que la opinión pública norteamericana no siente fobia por las bajas de sus soldados, sino por el miedo a la derrota. Si Bush consigue convencer a sus compatriotas de que la victoria está al alcance de la mano, éstos soportarán el goteo de ataúdes. Si por el contrario, el pesimismo cunde entre los americanos, cualquier número de bajas se convertirá en casi insoportable.
Otro detalle interesante, que va a intensificar la guerra fría que mantiene la Casa Blanca con los medios de comunicación, es que el descenso del apoyo a la presencia militar en Irak no se debe tanto al número de bajas, sino al aumento de la cobertura periodística de estos ataques. Mañana explicaré cómo se está desarrollando esa guerra en las calles de Bagdad. Aunque parezca inaudito, algunas sanas costumbres del régimen iraquí en su trato hacia los periodistas extranjeros se están repitiendo ahora.
La prensa norteamericana acaba de informar sobre las conclusiones de este sondeo realizado a finales de septiembre y principios de octubre. De hecho, los mismos autores hicieron otra encuesta similar en 1999 con resultados casi idénticos.
Bush sólo tiene que ganar la guerra o hacer creer a sus votantes que puede ganarla. No es tan sencillo. Ya se sabe que la guerrilla gana una guerra simplemente si consigue no salir derrotada. Y el Ejército regular la pierde si no consigue eliminar por completo a su adversario.

15.11.03

Con licencia para exagerar

¡Ah, los intelectuales franceses! No sólo tienen el derecho de pontificar sobre el futuro del mundo, sino que parece que tienen la obligación de hacerlo. Bernard Henry Levy es el nombre que nos viene a todos a la cabeza, porque nunca decepciona. Su último impulso, un análisis del secuestro y asesinato en Karachi del periodista de The Wall Street Journal Daniel Pearl, ha originado en Francia la polémica de costumbre, pero al menos nadie puede decir que lo hizo desde la tranquilidad de su casa. Levy viajó a Pakistán y EEUU para documentarse para su libro.
Otros intelectuales no se arriesgan a envenenarse con la comida de avión. "El nuevo desorden mundial" es la última obra de Tzvetan Todorov, nacido en Bulgaria y residente en París desde 1963. Su autor dice, en una entrevista en Babelia, que es una reflexión nacida de la urgencia. Quiere denunciar el curso que toma el mundo desde la invasión de Irak, promovida por una Administración norteamericana a la que califica de neofundamentalista por actuar "en nombre de conceptos absolutos que quieren imponer a todos".
Hasta ahí todo bien, o no, dependiendo de las ideas de cada uno. Lo que no puede hacer Todorov es basarse en hechos discutibles o simplemente falsos. Es cierto que el precio de liberar a los iraquíes de la dictadura de Sadam está siendo altísimo. Y si Todorov pasa a justificar esta idea en la entrevista, se le debe exigir el mismo respeto por los hechos que a un periodista y a un político. "Hoy en Irak se vive peor, la gente muere, carece de electricidad y agua, y si bien no puede decirse que la culpa sea del Ejército americano, sí lo es de la intervención", explica Todorov en la entrevista.
Maldita realidad que se atreve a contradecir a los filósofos. En agosto se recuperó el nivel de producción de electricidad anterior a la guerra, y gracias a eso comenzaron a funcionar otra vez las plantas potabilizadoras de agua. Quizá sea sólo un dato. Si pensamos en las preocupaciones cotidianas de los iraquíes, aquéllas con las que se puede definir que la vida es un infierno o no, es un dato bastante relevante.
Otros hechos de la vida en Irak continúan siendo pavorosos. En Bagdad la tasa de homicidios es de 140 muertes por cada 100.000 personas, tres veces más que en Washington, una de las ciudades más violentas de EEUU. La realidad se compone de un millar de datos como éstos, y nunca se tiene una información actualizada de ellos. Cuando los periodistas se afanan por conseguirlos, como han hecho en Bagdad con el asunto del consumo de electricidad, los filósofos tienen la obligación de estar enterados.
Incluso si son franceses.

14.11.03

Solidaridad con Carlos Hernández

Un grupo de periodistas con amplia experiencia en la cobertura de guerras está preparando un comunicado de solidaridad con Carlos Hernández, recientemente despedido de Antena 3. Carlos ha cubierto en los últimos años varios conflictos bélicos (Palestina, Afganistán e Irak) y la dirección de Antena 3 le ha pagado los servicios prestados con el despido fulminante.
Carlos pasó cerca de dos meses en Bagdad durante la preguerra y la postguerra. Se jugó el pellejo, al igual que otros periodistas, y a la vuelta de Irak fue felicitado por los directivos de la cadena que acaba de comprar la Editorial Planeta.
Su testimonio fue uno de los más importantes en el reportaje "Hotel Palestina" que Telecinco emitió cuando se cumplieron seis meses de la muerte del cámara José Couso.
En los próximos días se sabrán más detalles sobre el documento que firmarán los reporteros de guerra de los más importantes medios de comunicación. De momento, conviene echar un vistazo a un texto escrito por uno de ellos, Alfonso Bauluz, editor de Internacional de la agencia Efe. Bauluz pasó la guerra como reportero incrustado con una unidad de marines.
Este es su artículo:

TRAZADORAS PROPIAS
Nuevamente me siento noqueado por la impotencia, en estado de conmoción.. No han sido los misiles ni disparos que acabaron con la vida de compañeros como Julio, Couso o tantos otros en la guerra de Irak. Ni siquiera el régimen de terror de Sadam Husein.
Han sido quienes se parapetan detrás de los balances económicos quienes han trazado el certero golpe, que tiene un claro objetivo: el compromiso profesional con la verdad sin sojuzgamientos a las razones políticas. Como
esas balas trazadoras que iluminan el objetivo a batir, los llamados «gestores empresariales» han enviado un nítido y certero tiro de gracia a la independencia profesional periodística. Alumbran claramente sus piezas a batir : la honradez, el pundonor y la claridad. Los militares recurren al eufemismo « fuego amigo » para referirse a las bajas causadas por los propios disparos. Aquí no hay confusión. No hay «niebla» de guerra, simplemente es un escarmiento en tu cabeza. Todos debemos tomar buena nota del precio que se paga por comprometerse con la verdad. El respeto y aprecio profesional, la categoría moral y el buen saber hacer pese a todas las
dificultades no son elementos a tener en cuenta por quienes pretenden hacerse pasar por empresarios de la comunicación. La revancha política prevalece en los dueños de la cadena de televisión a la que dejas de
pertenecer, que ofrecen en bandeja el «puesto de trabajo» de quien ha osado desafiar la infame «verdad oficial» de la guerra y el poder.
Me puedo figurar la inmoral recompensa que obtienen. También reflexiono sobre las desalentadoras consecuencias que tiene para quienes sólo pretenden
hacer del compromiso con el periodismo su oficio y un medio de vida legítimo. ¿De verdad que quienes perpetran un atropello como el Expediente de Regulación de Empleo en Antena 3 para tapar los excesos derivados de la
implicación de Telefónica en las batallas políticas por el control de la información tienen derecho a conservar la titularidad de la concesión administrativa de un servicio público para informar a la opinión?.
Nada que objetar al derecho de una empresa privada de escoger a sus profesionales, pero si considero que ellos mismos han sido quienes ponen en cuestión su legitimidad para participar en un negocio regulado legalmente
con un mercado en el que se impide el acceso de competidores mediante ese mismo sistema de concesiones. Por favor, libertad para todos, no sólo para
quienes acatan los dictados del Gobierno de turno.
El problema familiar y profesional de la pérdida de empleo por razones no imputables al despedido, -sino a los bien pagados directivos y en los más sangrantes a los muy remunerados servicios prestados-, se ve en este caso
agravado por constituir un meridiano ejemplo de cómo algunas empresas periodísticas buscan en la servidumbre política lo que ellos se afanan en llamar «ventajas competitivas», cuando no es sino otra cosa que favores
con mayúsculas. Apartar a quien no sucumbe a las presiones para contentar a los prebostes de la sinrazón oficial.
Otro gallo te cantaría si hubieras glosado las gestas de «las fuerzas de liberación norteamericanas en Irak en su guerra contra el mal», desde luego no sería yo. Quienes han podido seguir públicamente tu trayectoria deben saber que cuentas con todo el respeto, aprecio y cariño de tus compañeros en este bastardo trabajo. Afortunadamente, tu compromiso, esfuerzo y sacrificio
han sido para los espectadores de Antena 3, como prueban la ingratitud y falta de perspectiva de los nuevos propietarios de la empresa que prescinde de tu concurso.
Desconozco cómo pretende convencer a la audiencia de que los informativos de la cadena tienen como premisa la verdad. La realidad es dura, para todos.
Sólo deseo que no te ocurra como a esos cadáveres de los militares estadounidenses que, por mor de la reelección de George W. Bush, desaparecerán de la vista de los ciudadanos estadounidenses. Espero y confío
en poder encontrarte trabajando en cualquier parte, y verte, incluso, en las pantallas de televisión informando de lo que precisamente los poderosos no quieren que nadie se entere. Como esos a quienes ellos llaman «daños colaterales» y que son sólo, ni más ni menos, que personas inocentes.
No está en mi ánimo un panegírico de Carlos Hernández, mucho menos menospreciar la valía y profesionalidad de sus compañeros de Antena 3 afectados y no afectados como él por los despidos. Me consta que, como él,
durante los últimos 14 años han dado lo mejor de si mismos con una entrega encomiable, sencillamente creo que es un digno ejemplo de la prioridades de los nuevos dueños de Antena 3 que, cual bala trazadora, quieren iluminar a los periodistas sobre las «virtudes» que premian : la mayor sumisión y la falta de crítica al poder establecido. Nunca sostendré que en las guerras la
primera víctima es la verdad, ya que desde la perspectiva de las personas normales, son los seres humanos. La verdad puede resurgir de los estragos bélicos. Deseo que superéis esta ignominiosa mentira y los hechos sobrepasen a la «realidad virtual» que el poder político es tan aficionado a construir, en algunos casos con el concurso necesario de sus lacayos mediáticos.
Hasta pronto y suerte.
Fdo.
Alfonso Bauluz
Editor Internacional Agencia EFE

Enganchados al opio afgano

La normalidad ha vuelto a Afganistán. Se espera que la producción de opio de este año alcance las 3.960 toneladas. El comercio de la materia prima con la que se hace la heroína llegará hasta los 2.300 millones de dólares. Una cantidad respetable, sobre todo si tenemos en cuenta que supone cerca de la mitad del Producto Nacional Bruto de Afganistán. Los datos provienen del último informe del Departamento de Drogas y Crimen de Naciones Unidas. “El país se encuentra ante una encrucijada: o se toman medidas quirúrgicas para controlar la producción de opio o el cáncer de la droga se extenderá y se convertirá en corrupción, violencia y terrorismo", ha dicho Antonio Maria Costa, director ejecutivo de esta agencia de la ONU.
Al igual que en América Latina, es difícil luchar contra un cultivo que se ha convertido en la única esperanza para miles de agricultores. Uno de ellos explicaba hace unos días a un periodista del Washington Post por qué le resulta tan rentable cultivar opio: plantar trigo en su pequeña explotación le da unos beneficios por cosecha de 70 dólares, con los que ni siquiera tiene para pagar el fertilizante. Plantar opio le garantiza unos beneficios de más de 1.200 dólares. Hagan cuentas.
¿Han saltado las alarmas al conocerse estos datos? En absoluto. El Gobierno de Karzai se muestra impotente para frenar el tráfico. Estados Unidos no puede embarcarse en una cruzada antidroga como la de Colombia, porque necesita el apoyo de los caudillos afganos que se financian con el opio. Todo tiene lugar en la frontera, el tráfico de droga y la lucha contra los talibanes y Al Qaeda, y las prioridades están claras.
Algunos lo llamarán doble moral, pero más parece un caso de doble contabilidad.

13.11.03

Al Pentágono le falta un plan

En julio de 1942 el Ejército norteamericano puso en marcha un departamento llamado División de Gobierno Militar. Su función era preparar a los militares para el momento en que tuvieran que ocupar, y gobernar, una Alemania derrotada. En 1942: tres años antes de que acabara la guerra y mucho antes de que un soldado de los suyos pusiera el pie en territorio alemán.
En Estados Unidos los tambores de la guerra comenzaron a sonar en agosto del 2002, por cortesía de Dick Cheney. Tan sólo dos meses antes de que comenzara la guerra llegó a Kuwait el equipo de expertos dirigido por el general retirado Jay Garner. Empezaron de cero, y a cero continuaron cuando terminó la guerra. Podían haberse aprovechado del trabajo de decenas de expertos, americanos e iraquíes, convocados por el Departamento de Estado. Pero el Pentágono ordenó, según ha reconocido el propio Garner, que no se utilizara toda esta montaña de papeles. Es difícil saber si ese proyecto hubiera servido para algo, pero al menos era un plan, que es mucho más de lo que se puede decir del Pentágono.
Las medallas se conceden por ganar guerras. En el Ejército norteamericano no se dan medallas por reparar los destrozos de los combates ni por evitar que comiencen nuevas guerras.

12.11.03

Bremer pierde la paciencia

“En nombre de toda la gente honesta de este querido país, a todos los débiles agentes que han vendido su conciencia a los americanos y a los judíos, os lo advertimos por última vez. Tened cuidado y vigilad lo que hacéis. Estáis luchando contra Dios, su profeta y sus fieles. Ha llegado el momento de acabar con vosotros”.
Ésta es la nota que el coronel Mohamed Hashem Rahma se encontró pegada a la puerta de su casa en octubre. Sólo tres días después de que un coche bomba estallara frente a la comisaría que dirige Rahma, en el barrio de Judra, en Bagdad. Murieron 13 personas.
El virrey americano en Irak acaba de viajar a Washington en una visita inesperada para entrevistarse con Bush. A la salida, Paul Bremer ha repetido el mensaje de costumbre: estamos trabajando para devolver lo antes posible el poder a los iraquíes. Se supone que están pensando en iraquíes como el coronel Rahma, pero quizá ya sea demasiado tarde. Para cuando Bremer se decida, Rahma puede estar muerto o bien su prestigio acabado por colaborar con los militares norteamericanos. Según The Washington Post, sus agentes no tienen armas suficientes ni coches ni chalecos antibalas. ¿Cómo van a poder hacer entonces el trabajo que 120.000 soldados norteamericanos fuertemente armados se han mostrado incapaces de hacer?
Los funcionarios de la Casa Blanca y del Pentágono se quejan, off de record desde luego, de la pasividad e ineficacia del Consejo de Gobierno Iraquí. Se ha dicho que Bremer está a punto de disolverlo por su incompetencia y su falta de legitimidad. Pero fueron ellos, los norteamericanos, los que prefirieron no convocar elecciones, por miedo a que las ganaran con facilidad los shiíes, que son casi el 60% de los iraquíes. Fueron ellos los que disolvieron el Ejército iraquí, dominado por los suníes, y que podía ser un contrapeso a un hipotético Gobierno controlado por los shiíes. Y fueron ellos los que eligieron a un Consejo de Gobierno que no puede gobernar, porque se trata de un miniparlamento en el que están todas las etnias y grupos políticos del país y que sólo puede funcionar por consenso.
Bremer marcó las reglas del juego y ahora dice que no funcionan. Seguro que el coronel Rahma no tiene la culpa.

9.11.03

Adiós a la resistencia

¿Cómo definir a los grupos armados iraquíes que luchan contra los soldados norteamericanos en Irak? Los Gobiernos norteamericano y español lo tienen claro: todos ellos son terroristas. Los medios de comunicación, que a fin de cuentas intentan contar hechos, aún se lo están pensando. Lo primero que hay que tener en cuenta es que es difícil ponerle un nombre a alguien que no se sabe exatamente quién es. ¿Son restos del aparato de seguridad del régimen de Sadam? ¿Son grupos integristas extranjeros? ¿Son grupos sunníes que no sienten ninguna nostalgia por Sadam y sí un rechazo total a la ocupación norteamericana?
Algunos periódicos norteamericanos han comenzado a marcar el terreno. Si eso responde a algún tipo de autocensura patriótica o un sano intento de llamar a las cosas por su nombre, queda a criterio de cada uno.
Los Angeles Times ha ordenado, amablemente, a sus redactores que no empleen el término “resistencia” (en inglés, “resistance fighters”). Este es el email que la directora adjunta Melissa McCoy envió el 3 de noviembre a la redacción:
“Queridos colegas:
En los últimos días, nos hemos referido a los grupos que atacan a las fuerzas norteamericanas en Irak como “luchadores de la resistencia”. Aunque usar este término no es algo formalmente impreciso, revela un significado que no buscamos. Para muchos, da una visión romántica de los objetivos y actuaciones de los grupos que matan a los soldados. Deberíamos evitar emplearlo, fuera de las declaraciones que van entre comillas.
Los términos “insurgentes” y “guerrillas” son también adecuados y son preferibles en este contexto. Por favor, utilizadlos”.
McCoy explicó a la agencia Reuters que le parecía que la palabra “resistencia” sirve para describir a estos grupos, pero que al mismo tiempo recuerda a los grupos de la Resistencia francesa que lucharon contra los alemanes en la Segunda Guerra Mundial o a los judíos que se rebelaron contra los nazis en el gueto de Varsovia.
Reuters contactó después con un directivo de The New York Times, que se mostró de acuerdo con la decisión de sus colegas californianos. Sin embargo, el editor de la sección de internacional del Washington Post dijo que le parecía correcto el término “resistencia” y que seguirían utilizándolo.

4.11.03

Fisk en territorio enemigo

La derecha periodística norteamericana no gana para sustos. Ya no es suficiente con que muchos compatriotas con parabólica se conectaran a la BBC durante la guerra, hartos del festival patriótico de la FOX y sus secuaces. Tampoco es suficiente con que el éxito de la web de The Guardian haya acelerado el proyecto de los británicos de entrar en los quioscos americanos.
Además, tienen que soportar que una de sus bestias negras preferidas, el corresponsal de The Independent, Robert Fisk, continúe recibiendo tratamiento de estrella en la muy impía California. San Francisco Chronicle publica una entrevista con Fisk en la que éste se despacha, aunque brevemente, contra los periodistas norteamericanos. Ni siquiera se salva The New York Times: "Creo que a The New York Times deberían llamarle "Fuentes oficiales de EEUU dicen". Al menos así sabrías lo que estás leyendo. Si el periodismo consiste en escribir artículos sobre lo que dice el Gobierno, prefiero dedicarme a la jardinería".
Aviso para los partidarios de Fisk. The Independent cobra por acceder a los artículos de Fisk, pero hay una web desde la que se puede acceder a muchos de ellos. www.robert-fisk.com no es obra del propio Fisk, pero eso no impide que cuente con un amplio repertorio de su trabajo.